Cuadernos de Política Exterior Argentina (Nueva Época), 143, Enero-Junio 2026
ISSN 1852-7213 (edición en línea)
¿Una “nueva Guerra Fría” en África? Rivalidad estructural y agencia
africana en la competencia entre China y EE. UU
“New Cold War” in Africa? Structural Rivalry and African Agency in the
Competition between China and the U.S.
Miranda Díaz Rømmesmo
1
Swedish Defence University
https://orcid.org/0009-0001-7222-3217
Miranda.DiazRommesmo@student.fhs.se
María Ángeles Alaminos Hervás
2
Universidad Loyola Andalucía
https://orcid.org/0000-0003-3694-7207
maalaminos@uloyola.es
1
Miranda Díaz Rømmesmo is finalizing a degree in Political Science at the Swedish Defence University
in Stockholm, specializing in international relations, security policy, and crisis management. She has a
multidisciplinary academic background, including a previous Bachelor of Arts degree. She has worked as a project
manager in science communication and currently serves as a research assistant at the Department of International
Studies at Universidad Loyola, Andalucía. Her research interests focus on security studies, political science, and
societal responses to complex challenges.
2
María Ángeles Alaminos Hervás is a Doctor in International Relations from the Complutense University
of Madrid and currently serves as Assistant Professor in the Department of International Studies at Universidad
Loyola Andalucía. She has worked as a consultant for the European Commission and the EU Institute for Security
Studies’ Africa Observatory. Her research focuses on armed conflict and peacebuilding in Sub-Saharan Africa,
popular mobilizations, great power politics in Africa, and EU–Sub-Saharan Africa relations.
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Resumen
Este artículo examina críticamente la pertinencia de la expresión “nueva Guerra Fría” para
analizar la competencia contemporánea entre China y Estados Unidos en África. Desde una
perspectiva que combina la Economía Política Internacional, los enfoques sobre transición del
orden internacional y la literatura reciente sobre rivalidad sistémica e interdependencia, se
sostiene que dicha etiqueta resulta conceptualmente equívoca y empíricamente insuficiente
para describir las formas actuales de competencia entre grandes potencias en el continente
africano. Aunque África se ha consolidado como un espacio estratégico en materias como la
seguridad, la financiación para el desarrollo, la digitalización y el acceso a minerales críticos,
las dinámicas vigentes no reproducen ni los alineamientos rígidos ni la confrontación
ideológica que caracterizaron a la Guerra Fría del siglo XX (Alden & Large, 2015; Alaminos
& Marquina, 2022; Schindler et al., 2024).
El artículo argumenta que la relación competitiva entre China y Estados Unidos en África debe
entenderse, con mayor precisión, como una rivalidad estructural de carácter sectorial, inserta
en un orden internacional en transición y desplegada de manera desigual en los ámbitos
financiero, securitario y tecnológico. Asimismo, sostiene que los actores africanos no son
receptores pasivos de esa rivalidad, sino participantes estratégicos que la reconfiguran
mediante prácticas de diversificación, negociación y aprovechamiento cambiar
‘aprovechamiento’ selectivo de alianzas externas, en diálogo con marcos continentales como
la Agenda 2063 y el AfCFTA. En consecuencia, más que una simple "recreación temporal" de
la Guerra Fría, África refleja las complejidades inherentes a la reconfiguración del equilibrio
global dentro de un sistema internacional cada vez más multipolar (African Union
Commission, 2015; AfCFTA Secretariat, n.d.; ECDPM, 2024).
Palabras claves: Nueva Guerra Fria, Africa, Rivalidad estrategica, Agencia Africana, China,
Estados Unidos.
Abstract
This article critically examines the usefulness of the expression “new Cold War” for analyzing
the contemporary competition between China and the United States in Africa. Drawing on a
perspective that combines International Political Economy, approaches to international order
transition, and recent literature on systemic rivalry and interdependence, it argues that this label
is conceptually misleading and empirically insufficient for describing the current forms of
great-power competition on the African continent. Although Africa has consolidated itself as a
strategic arena in areas such as security, development finance, digitalization, and access to
critical minerals, current dynamics do not reproduce either the rigid alignments or the
ideological confrontation that characterized the Cold War of the twentieth century (Alden &
Large, 2015; Alaminos & Marquina, 2022; Schindler et al., 2024).
The article argues that the competitive relationship between China and the United States in
Africa is more accurately understood as a sectorally differentiated form of structural rivalry,
embedded in an international order in transition and unfolding unevenly across the financial,
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security, and technological spheres. It also contends that African actors are not passive
recipients of this rivalry, but strategic participants whore configure it through practices of
diversification, negotiation, and the selective use of external partnerships, in interaction with
continental frameworks such as Agenda 2063 and the AfCFTA. Consequently, rather than a
mere revival of the Cold War, the African continent reveals the complexities of a
reconfiguration of global power shaped by interdependence, institutional overlap, and
asymmetrical margins of maneuver (African Union Commission, 2015; AfCFTA Secretariat,
n.d.; ECDPM, 2024).
Keywords: New Cold War, Africa, Strategic Rivalry, African Agency, China, United States.
TRABAJO RECIBIDO: 16/4/2026 TRABAJO ACEPTADO: 24/6/2026
Esta obra está bajo una licencia internacional https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/
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1. Introducción
En las últimas décadas se ha intensificado la competencia estratégica entre China y
Estados Unidos a escala global. En la literatura académica y en el discurso político, esa
competencia se ha presentado crecientemente como indicio de una “nueva Guerra Fría”. Esta
narrativa ha adquirido particular relevancia en los análisis sobre África, donde la creciente
importancia económica del continente, su expansión demográfica y su dotación de recursos
han reforzado su centralidad en debates más amplios sobre la transición de poder y la
multipolaridad (Alaminos & Marquina, 2022). En este sentido, el papel de África como espacio
clave para la financiación, la construcción y regulación de infraestructuras físicas y digitales,
así como para la cooperación en materia de seguridad, ha favorecido lecturas geopolíticas que
enfatizan la renovada rivalidad entre grandes potencias. Sin embargo, la utilidad analítica de
esta analogía sigue siendo discutible, ya que, aunque la competencia contemporánea entre
Estados Unidos y China presenta rasgos de rivalidad sistémica, las condiciones estructurales
en las que se despliega difieren significativamente de las de la Guerra Fría del siglo XX. A
diferencia del orden económico relativamente compartimentado de la era bipolar, las
interacciones actuales se insertan en densas redes de comercio, finanzas y cooperación
institucional que vinculan a las grandes potencias en relaciones complejas de interdependencia
(Babones et al., 2020; Schindler et al., 2024).
Este artículo adopta deliberadamente una aproximación general y de alcance amplio.
Somos conscientes de que ni África constituye una unidad homogénea, ni China y Estados
Unidos actúan en el continente a través de un único actor o de una sola racionalidad política,
económica o institucional. Sin embargo, dado que el objeto de estudio es la pertinencia analítica
de la expresión “nueva Guerra Fría” para describir la competencia estratégica entre grandes
potencias en África, resulta necesario trabajar con categorías amplias que permitan identificar
tendencias estructurales, sin desconocer la diversidad regional, estatal y sectorial que
caracteriza al continente africano (Alaminos & Marquina, 2022; Rey-García & Rivas Nieto,
2022).
Asimismo, el cuestionamiento de la expresión “nueva Guerra Fría” no parte de la premisa
de que durante la Guerra Fría del siglo XX no existiera agencia africana. Esa agencia existió,
aunque se desenvolvió en un entorno de dependencia financiera, patronazgo militar, guerras
subsidiarias y fuertes constricciones sistémicas. Lo que aquí sostenemos es algo distinto: que
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las condiciones actuales de interdependencia económica, pluralidad de socios externos y
superposición institucional hacen que la rivalidad contemporánea entre China y Estados Unidos
no pueda equipararse sin más a la bipolaridad del siglo XX (African Union Commission, 2015;
ECDPM, 2024; Rey-García & Rivas Nieto, 2022).
La creciente presencia de China en África desde los años noventa, y de manera particular
desde la primeracada del siglo XXI ilustra estas transformaciones de forma especialmente
clara. En las dos últimas décadas, las relaciones sino-africanas han evolucionado de una
vinculación económica centrada en los recursos a una asociación multidimensional que abarca
la coordinación diplomática, la cooperación tecnológica y una creciente implicación en
iniciativas de paz y seguridad (Alden & Large, 2015; Large, 2021). La institucionalización de
estos lazos a través de mecanismos como el Foro de Cooperación China-África (FOCAC) e
iniciativas estratégicas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative)
refleja tanto las ambiciones globales de China como la importancia de África en su visión de
política exterior a largo plazo. A este respecto, China ha movilizado narrativas históricas
3
que
enfatizan la solidaridad, las experiencias compartidas de subordinación colonial y la
cooperación Sur-Sur para legitimar esta vinculación y diferenciarla de los modelos occidentales
de tradición colonial y ayuda condicionada asistencia condicional.
Por otra parte, la política estadounidense hacia África ha oscilado históricamente entre
fases de relativo desinterés a fases de renovada implicación, moldeada por las prioridades
internacionales globales cambiantes. Aunque África a menudo ha sido tratada como una región
periférica respecto de los intereses geopolíticos centrales de Estados Unidos, el discurso
político reciente sitúa cada vez más al continente dentro de un marco de competencia sistémica
con China, especialmente en áreas como la gobernanza digital, el desarrollo de infraestructuras
y la seguridad marítima (Rey-García & Rivas Nieto, 2022; U.S. Department of State, 2022).
Sin embargo, circunscribir África únicamente a un teatro de rivalidad entre actores
externos nos expone a subestimar la agencia de los propios actores africanos. En este sentido,
iniciativas continentales de la Unión Africana como la Agenda 2063, el “marco estratégico
para la transformación estructural, la integración regional y la proyección internacional del
3
Entre esas narrativas destaca la evocación de los viajes del almirante Zheng He en el siglo XV,
movilizados con frecuencia por el discurso oficial chino para proyectar una imagen de presencia histórica pacífica
y diferenciar a China de las trayectorias coloniales europeas (Alaminos Hervás, 2022).
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continente” y el Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA), uno de sus proyectos
emblemáticos, ilustran los intentos de reorientar la vinculación con actores externos hacia
estrategias de desarrollo definidas desde prioridades africanas (African Union Commission,
2015; AfCFTA Secretariat, n.d.).En la práctica, esa diversificación no implica una libertad de
maniobra irrestricta, pero la posibilidad de combinar socios, secuenciar negociaciones y
aprovechar las divergencias entre actores externos para obtener financiación, infraestructuras,
transferencia tecnológica o cooperación securitaria en términos políticamente más ventajosos
(African Union Commission, 2015; ECDPM, 2024).
La discusión analítica que aborda este artículo resulta especialmente relevante porque el
lenguaje empleado para describir la rivalidad estratégica entre China y Estados Unidos en
África no es políticamente inocuo no pondría ni conceptualmente neutral. Cuando la
competencia contemporánea se interpreta demasiado rápidamente a través del prisma de una
“nueva Guerra Fría”, se corre el riesgo de sobredimensionar la formación de bloques, cambiar
aplanar las diferencias sectoriales y oscurecer el papel estratégico de los actores africanos en
la configuración de los compromisos externos. La cuestión central no es, por tanto, si existe
rivalidad, sino si la analogía de la Guerra Fría ayuda realmente a explicar las formas
institucionales, los mecanismos materiales y las consecuencias políticas de la rivalidad
estratégica actual en África.
Este planteamiento exige también cautela respecto del propio lenguaje de la agencia. La
agencia africana no debe idealizarse ni confundirse con autonomía sin restricciones, pero
tampoco puede descartarse como mera cobertura discursiva de una nueva fase de dependencia.
La tarea analítica consiste, más bien, en examinar cómo se ejerce el margen de maniobra dentro
de un contexto de asimetría estructural y cómo ese margen contribuye precisamente a mostrar
por qué la etiqueta de “nueva Guerra Fría”, tomada de forma rígida, resulta insuficiente para
captar la complejidad del escenario africano contemporáneo (African Union Commission,
2015; ECDPM, 2024; Ortega, 2023).
El artículo se organiza en cuatro partes. En primer lugar, sitúa a África dentro de la
transformación más amplia del orden internacional y explica por qué el continente se ha
convertido en un espacio central de los debates contemporáneos sobre la rivalidad estratégica
entre China y Estados Unidos. En segundo lugar, revisa la literatura sobre la llamada “nueva
Guerra Fría”, destacando tanto el valor heurístico como los límites conceptuales de esta
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analogía en el contexto africano. En tercer lugar, desarrolla un marco analítico que combina
aportes de la Economía Política Internacional y de los enfoques sobre transición del orden
mundial. Por último, examina tres ámbitos sectoriales “financiación del desarrollo y deuda,
seguridad y compromiso digital-tecnológico” para mostrar que la rivalidad entre China y
Estados Unidos en África es real, pero se entiende mejor como una forma diferenciada de
rivalidad estructural sectorial moldeada por la interdependencia, la superposición institucional
y las decisiones estratégicas africanas (Åberg & Peltola, 2025; Babones et al., 2020; Schindler
et al., 2024).
En lugar de tratar África como un escenario secundario de una confrontación global ya
determinada, este artículo sostiene que el continente es uno de los espacios donde se está
negociando activamente la reconfiguración contemporánea del orden internacional. Más que
asumir sin más la expresión “nueva Guerra Fría”, se propone examinar críticamente su utilidad
para interpretar la competencia entre China y Estados Unidos en África. A nuestro parecer, Las
dinámicas contemporáneas se entienden con mayor precisión como una forma de rivalidad
estructural sectorial moldeada por la interdependencia económica, la superposición
institucional y la agencia estratégica africana. Otros actores externos como la Unión Europea,
Rusia, Turquía o los Estados del Golfo también son relevantes para el entorno competitivo
africano, pero este artículo se centra en China y Estados Unidos porque ambos ocupan el núcleo
del discurso contemporáneo sobre rivalidad sistémica y porque sus respectivas estrategias hacia
África alimentan de forma más directa la narrativa de la llamada “nueva Guerra Fría” (African
Centre for Strategic Studies, 2025; U.S. Department of State, 2022).
2. África en la reconfiguración del orden internacional: rivalidad estructural y
agencia africana
La creciente prominencia de África en los debates geopolíticos globales refleja
transformaciones más amplias en la economía política internacional. El rápido crecimiento
demográfico, la aceleración de la urbanización y la abundancia de recursos del continente,
particularmente en minerales esenciales para la digitalización y la transición energética, han
incrementado su relevancia estratégica.
A este respecto, La implicación de China en África debe entenderse dentro de este
contexto de cambio sistémico. Aunque las relaciones diplomáticas se remontan a la época de
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la Guerra Fría, cuando Pekín respaldaba movimientos anticoloniales y buscaba obtener
reconocimiento político entre los estados recién independizados, la escala y el alcance de su
compromiso experimentaron una expansión significativa tras la creación del FOCAC, en el año
2000. Este marco institucional facilitó el crecimiento del comercio, la inversión y la
financiación para el desarrollo, al mismo tiempo que consolidaba la coordinación diplomática
a nivel multilateral. Con el tiempo, la implicación china se ha diversificado hacia áreas como
el mantenimiento de la paz, la cooperación en seguridad marítima y el desarrollo de la
infraestructura digital, reflejando de esta manera la transición de China hacia un actor
económico y político global (Delage, 2022; Sun, 2014; TheState Council Information Office
ofthePeople’sRepublicof China, 2021).
Esta transformación resulta también fundamental para comprender cómo China define y
narra su propio papel en África. El discurso oficial enfatiza principios de igualdad, beneficio
mutuo y cooperación Sur-Sur, al tiempo que moviliza narrativas históricas de solidaridad
anticolonial y ausencia de un pasado colonial al estilo occidental para diferenciar a China de
los actores europeos y norteamericanos. Alden y Large (2015) muestran que el papel de China
ha evolucionado desde un compromiso predominantemente económico hacia formas de
adaptación y elaboración selectiva de normas, especialmente en el ámbito de la seguridad. Ello
sugiere que China no actúa únicamente como actor económico externo, sino también como
participante en procesos más amplios de reconfiguración del orden internacional. Al mismo
tiempo, las evaluaciones empíricas de la financiación china para el desarrollo complejizan las
narrativas que presentan a Pekín bien como un actor puramente revisionista, bien como un
prestamista uniformemente depredador. En esa línea, Babones et al. (2020) sostienen que la
financiación china reproduce en muchos casos patrones ya observables en el capitalismo
global, mientras que la base de datos Chinese Loans to Africa muestra una variación
significativa entre países, sectores y años, así como una evolución reciente hacia una
participación más selectiva y sensible al riesgo (Boston University Global Development Policy
Center, 2025).
Las respuestas africanas a la creciente presencia de China también han sido diversas.
Algunos gobiernos han recurrido a la financiación china como una alternativa a la
condicionalidad impuesta por actores occidentales, especialmente cuando las necesidades de
infraestructura son grandes y el espacio fiscal limitado. Otros han adoptado estrategias más
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cautelosas, diversificando sus alianzas y evitando depender excesivamente de un solo actor. La
importancia de esta variabilidad se aprecia mejor cuando se la sitúa en relación con marcos
continentales como la Agenda 2063, que articula una visión africana de transformación
estructural, integración regional y proyección internacional basada en prioridades definidas
desde el propio continente, y no en una inserción pasiva en diseños geopolíticos externos
(African Union Commission, 2015). En términos similares, el AfCFTA debe entenderse como
un intento institucional de redefinir las condiciones bajo las cuales la vinculación con actores
externos se cruza con las prioridades económicas regionales africanas. En ese sentido, la
integración económica no constituye aquí un fin meramente comercial, sino una herramienta
potencial al servicio del cambio estructural, con límites y contradicciones, pero también con
una base política e institucional más sólida de lo que sugiere una lectura puramente aspiracional
(AfCFTA Secretariat, n.d.; Bidaurratzaga-Aurre et al., 2021; Colom-Jaén & Mateos, 2022).
En el caso estadounidense, la relación con África debe situarse en una trayectoria
histórica más larga y marcadamente discontinua. Durante la Guerra Fría, el continente fue leído
en buena medida desde la lógica de contención del comunismo; tras 1991, perdió centralidad
estratégica relativa; y, desde el 11-S, la dimensión securitaria volvió a adquirir un peso
decisivo. En este sentido, el bajo perfil político de África en la política exterior estadounidense
no ha significado irrelevancia absoluta, sino más bien una combinación de implicación
selectiva, prioridades cambiantes y atención subordinada a agendas globales más amplias
(Alaminos Hervás, 2018; Rey-García & Rivas Nieto, 2022).
Esa trayectoria ayuda a explicar por qué la creciente presencia china en África ha operado
en Washington como catalizador de una nueva relectura estratégica del continente. La
administración Trump acentuó esa inflexión al recentrar su aproximación africana en torno a
la seguridad y a la creciente influencia de China, mientras que la estrategia subsahariana de la
administración Biden consolidó el reconocimiento de África como una fuerza geopolítica de
primer orden e integró explícitamente al continente en un marco más amplio de prioridades
compartidas, gobernanza y competición estratégica (Alaminos Hervás, 2018; U.S. Department
of State, 2022).
Estos acontecimientos se desarrollan en un contexto en el que Estados Unidos ha buscado
renovar su compromiso con África, en gran medida como respuesta a la creciente influencia de
China en la región. Sin embargo, la política estadounidense ha mostrado a menudo
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discontinuidad y selectividad estratégica, produciendo un patrón que Rey-García y Rivas Nieto
(2022) describen como una no priorización recurrente. El resultado no es un simple “duelo
bipolar”, sino que se puede ver como un entorno estratégico asimétrico en el que, pese a las
desigualdades de poder, los actores africanos conservan márgenes de maniobra significativos
y políticamente relevantes.
Al mismo tiempo, la noción de agencia africana debe ser considerada con precisión
cuidadosamente. En este artículo, agencia no debe interpretarse como poder de negociación
equitativo, ni implica que se hayan superado las asimetrías externas. Se refiere, más bien, a la
capacidad de los gobiernos africanos, organismos regionales e instituciones continentales para
diversificar alianzas, encadenar negociaciones con distintos socios y reinsertar el compromiso
externo dentro de sus propias prioridades políticas y de desarrollo. Esta agencia es desigual, a
menudo liderada por el Estado, y está frecuentemente condicionada por cargas de deuda, tipo
de régimen, estructuras de clientelismo nacional y brechas en la implementación. No obstante,
estas limitaciones no anulan la agencia, sino que determinan las formas que esta adopta. Por
consiguiente, el análisis empírico que se desarrolla en este artículo no se centra en afirmaciones
abstractas de autonomía, sino en patrones concretos de selección, adaptación y negociación en
los ámbitos de las finanzas, la seguridad y la gobernanza digital (African Union Commission,
2015; ECDPM, 2024; Rey-García & Rivas Nieto, 2022).
Estas dinámicas más amplias se vuelven analíticamente más manejables al concentrar la
discusión en un número limitado de ámbitos especialmente reveladores. Por ello, las secciones
que siguen se centran en la financiación del desarrollo y la gobernanza de la deuda, la
cooperación en materia de seguridad y el compromiso digital/tecnológico. En conjunto, estos
sectores permiten examinar si la lógica de la competencia en África se asemeja a una
confrontación bipolar o si se entiende mejor como una forma interdependiente y diferenciada
de rivalidad en el marco de un orden multipolar en transformación (Alden & Large, 2015;
Babones et al., 2020; Delage, 2022).
3. La Nueva Guerra Fría: Análisis y Discusión sobre su Definición y Relevancia
Actual
La literatura relevante para este artículo puede ordenarse, de manera esquemática, en
cuatro posiciones. Una primera sostiene la continuidad de las lógicas de la Guerra Fría más allá
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de 1991 y subraya que el periodo posterior no inauguró un mundo plenamente “post - Guerra
Fría”, sino una reconfiguración de rivalidades persistentes. Una segunda traslada ese
argumento a la relación contemporánea entre China y Estados Unidos y utiliza la noción de
“segunda” o “nueva” Guerra Fría para destacar la centralidad actual de infraestructuras,
finanzas, tecnología y seguridad en la rivalidad entre ambas potencias. Una tercera línea, con
la que este artículo dialoga de manera más directa, acepta que la analogía posee cierto valor
heurístico, pero advierte que China no ocupa una posición equivalente a la de la URSS:
participa plenamente en la economía global y en marcos institucionales compartidos, de modo
que la competencia coexiste con interdependencias profundas. Finalmente, una cuarta
aproximación desplaza el foco hacia la agencia africana y muestra que el continente no es solo
objeto de rivalidad, sino también un espacio de selección, adaptación y reconfiguración
estratégica de las alianzas externas (Kotkin, 2022; Sakwa, 2023; Schindler et al., 2024;
Weinman, 2025).
Desde esta perspectiva más historiográfica, afirmar que la Guerra Fría está
“normativamente cargada” significa que el término no actúa como una mera descripción
neutral, sino que organiza jerarquías, delimita adversarios legítimos e ilegítimos y orienta la
interpretación estratégica del presente. Sostener, además, que su final no está “históricamente
cerrado” implica que su legado conceptual sigue siendo movilizado para leer rivalidades
actuales. En nuestro caso, ello obliga a distinguir entre el rendimiento retórico del término y su
validez analítica para explicar la competencia sino - estadounidense en África (Weinman,
2025).
Aplicada a la relación contemporánea entre China y Estados Unidos, la analogía con la
Guerra Fría captura un desplazamiento real respecto de las expectativas de convergencia liberal
que dominaron parte del debate internacional en las décadas anteriores. Sin embargo, también
puede inducir simplificaciones excesivas cuando convierte una rivalidad intensa, pero
interdependiente, en una reedición mecánica del enfrentamiento bipolar del siglo XX (Ortega,
2023; Schindler et al., 2024).
Un conjunto relevante de trabajos advierte, sin embargo, contra una aplicación
demasiado directa de las analogías de la Guerra Fría al contexto contemporáneo. Una de las
objeciones centrales subraya las diferencias estructurales entre la confrontación estadounidense
- soviética del siglo XX y la relación actual entre China y Estados Unidos. A diferencia de la
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Unión Soviética, China está profundamente integrada en la economía capitalista global y opera
desde dentro de las principales instituciones del comercio y las finanzas internacionales. De
ello se sigue que la competencia entre ambas potencias coexiste con una interdependencia
económica compleja, lo que vuelve inherentemente imperfecta la analogía con la bipolaridad
clásica. Desde esta perspectiva, la expresión “nueva Guerra Fría” puede captar la
intensificación de la rivalidad, pero tiende también a oscurecer la naturaleza híbrida,
entrelazada y sectorialmente variable de las relaciones de poder contemporáneas (Alaminos &
Marquina, 2022; Delage, 2022; Ortega, 2023; Åberg & Peltola, 2025).
En el ámbito de la investigación centrada en África, estos debates adquieren una forma
más específica. Los trabajos de finales de la década de 2000 y comienzos de la de 2010
retrataban con frecuencia el ascenso de China en el continente africano como un desafío a la
influencia occidental y, en ciertos casos, como un indicio de una incipiente lucha bipolar por
la región. Campbell (2008) enmarcó la presencia china en África en relación con la erosión de
la hegemonía estadounidense, mientras que Makwerere y Chipaike (2012) caracterizaron
explícitamente la competencia entre China y Estados Unidos en el continente como una nueva
Guerra Fría. Estas contribuciones siguen siendo valiosas ya que identificaron un cambio
geopolítico significativo, a saber, África ya no es un actor periférico en la competencia global
entre potencias. No obstante, Estas interpretaciones tendían a tratar África principalmente
como objeto de rivalidad, más que como espacio de agencia estratégica.
Estudios más recientes se han orientado en una dirección más diferenciada. Alaminos y
Marquina (2022) describen África como un entorno estratégico marcado por la competencia y
la sustitución entre potencias, sin asumir un retorno simple a la lógica bipolar clásica. De
manera similar, Delage (2022) muestra que la participación china en África es
multidimensional, estratégicamente evolutiva ye institucionalmente arraigada. Åberg y Peltola
(2025) argumentan que, incluso en el ámbito digital, África se comprende mejor a través de la
coexistencia de múltiples formas de inserción capitalista, proveedores tecnológicos, marcos
regulatorios y dependencias superpuestas, en lugar de mediante la idea de una rígida Guerra
Fría digital. Esta es una intervencióncrucial ya que muestra que, incluso en uno de los sectores
más propensos a parecerse a una nueva Guerra Fría, no ha emergido una estructura binaria
clara.
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En la literatura centrada en África, el cuestionamiento de la categoría “nueva Guerra
Fría” se refuerza cuando se incorpora la dimensión de la agencia africana. No se trata de que
la Agenda 2063 o los documentos de policy africanos utilicen esa etiqueta, sino de que obligan
a desplazar el foco analítico: si el continente cuenta con marcos propios de transformación,
integración y posicionamiento internacional, entonces no puede ser tratado únicamente como
objeto pasivo de una rivalidad exógena. En esa línea, la Agenda 2063 formula una visión
continental de desarrollo e inserción internacional definida desde prioridades africanas,
mientras que diversos análisis sobre la interacción con múltiples potencias muestran que los
gobiernos africanos diversifican asociaciones y aprovechan la competencia externa para
avanzar objetivos internos y regionales. Esa literatura y esos documentos no sustituyen el
debate conceptual sobre la “nueva Guerra Fría”, peromuestran uno de sus límites principales
en África: su tendencia a infravalorar hasta qué punto los actores africanos remodelan el propio
campo de la rivalidad (African Union Commission, 2015; ECDPM, 2024).
En conjunto, el debate revisado sugiere que la expresión “nueva Guerra Fría” conserva
un valor heurístico limitado: permite nombrar la intensificación de la rivalidad entre grandes
potencias y la renovada centralidad geopolítica de África, pero resulta conceptual y
empíricamente insuficiente cuando se aplica de manera rígida al continente. Su principal
problema es que no refleja adecuadamente la interdependencia económica, la superposición
institucional, la variación sectorial ni la agencia estratégica africana, todos ellos elementos
centrales para comprender la rivalidad contemporánea entre China y Estados Unidos en África
(Alaminos & Marquina, 2022; Åberg & Peltola, 2025; Delage, 2022; Schindler et al., 2024).
Desde una perspectiva africana, por tanto, la cuestión clave no es simplemente si
sobreviven algunas lógicas heredadas de la Guerra Fría, sino si la analogía aclara o distorsiona
las formas concretas de rivalidad, dependencia, negociación y diversificación estratégica hoy
visibles en el continente. Esa es precisamente la pregunta que orienta el resto del artículo
(Kotkin, 2022; Ortega, 2023; Sakwa, 2023; Weinman, 2025).
4. Marco analítico y diseño metodológico
Este artículo integra dos enfoques analíticos complementarios, la Economía Política
Internacional (IPE, por sus siglas en inglés) y las teorías de la transición del orden internacional.
Desde la perspectiva de la IPE, la cuestión central no es solo la existencia de la rivalidad, sino
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la forma en que esta competencia se estructura a través de redes de finanzas, infraestructura,
producción, tecnología y gobernanza institucional. Por su parte, desde la perspectiva de la
teoría de la transición del orden, la cuestión clave es si África debe ser considerada un escenario
secundario en el que potencias externas proyectan su competencia, o si debe entenderse como
uno de los espacios donde se negocia activamente la redistribución del poder global. La
contribución del artículo consiste en proponer una definición operativa de “rivalidad estructural
sectorial”: una competencia de alcance sistémico entre grandes potencias que no se despliega
de manera uniforme en todos los ámbitos, sino que adopta intensidades, instrumentos y
configuraciones institucionales distintas según se trate de deuda, seguridad o tecnología. Esta
formulación permite preservar la dimensión estructural de la rivalidad sin asumir, de entrada,
una lógica bipolar compacta (Alaminos & Marquina, 2022; Schindler et al., 2024).
Dentro de este marco, la "Nueva Guerra Fría" no se presenta como una descripción
definitiva de la realidad, sino como una lente analítica cuya utilidad debe ser evaluada de
manera crítica. Su valor reside en su capacidad para captar una intensificación observable de
la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China. En consecuencia, no se rechaza de
manera categórica, sino que se emplea como punto de partida para un análisis conceptual más
profundo. Este enfoque es particularmente relevante dado que algunas características
comúnmente asociadas con la competición propia de la Guerra Fría están efectivamente
presentes en la actualidad, tales como: una creciente desconfianza entre los actores, discursos
estratégicos relacionados con esferas de influencia, inquietudes sobre el control tecnológico,
esfuerzos por alineamientos políticos y la securitización de las relaciones económicas y de
infraestructura (Schindler et al., 2024).
Sin embargo, el término de la Nueva Guerra Fría se vuelve más limitado cuando se
examina en el contexto africano. La rivalidad contemporánea entre China y Estados Unidos
opera bajo condiciones de profunda interdependencia económica. El ascenso de China no es
externo al capitalismo global, sino que está incrustado en él, y esto crea dinámicas estructurales
muy diferentes a las de la confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Este punto
se refuerza con la evidencia de que la participación financiera china en África suele estar
entrelazada, y no separada, de las instituciones financieras globales y de mecanismos de
gobernanza más amplios (Babones et al., 2020; Makoff et al., 2025; UNDP, 2025).
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Asimismo, la rivalidad en África es marcadamente sectorial, más que completamente
sistémica. En áreas como la financiación de infraestructuras, redes digitales, cooperación en
seguridad y minerales críticos, los modos de competencia varían considerablemente en
términos de intensidad, forma institucional y relevancia estratégica. Åberg y Peltola (2025) son
particularmente esclarecedores aquí, al mostrar porque muestran que incluso en la esfera
digital, donde comúnmente se adopta un enfoque bipolar el enmarcaje bipolar es común, la
dinámica de competición se entiende mejor a través de dependencias desiguales y múltiples
formas de inserción capitalista, en lugar de interpretarse mediante una lógica de bloques
coherente. Esto apoya la tesis central del artículo, según la cual la rivalidad en África se
comprende mejor como una “rivalidad estructural sectorial” que como una confrontación
bipolar generalizada.
El concepto de la "Nueva Guerra Fría" suele conllevar una tendencia implícita de tratar
al continente africano como un espacio ámbito pasivo, lo cual constituye una de sus
limitaciones más significativas. Esta perspectiva subestima el papel activo que desempeñan los
gobiernos africanos, las organizaciones regionales y las instituciones continentales en la
configuración de las dinámicas internacionales. Los actores africanos no se limitan a ser
receptores de la rivalidad externa; por el contrario, son agentes estratégicos que dan forma a
sus propias agendas políticas y económicas. Un ejemplo destacado de este enfoque es la
Agenda 2063, un marco institucional a través del cual África articula sus propias prioridades
en áreas clave como la integración regional, la industrialización y la coordinación de políticas
(African Union Commission, 2015). Lo mismo ocurre con el AfCFTA, lo cual ejemplifica
cómo los actores africanos están reformulando las relaciones económicas y comerciales en el
continente, con implicaciones profundas para el comercio intraafricano y también para la
manera en que los actores externos se vinculan con las economías africanas en el ámbito de la
infraestructura, la producción y la integración de mercados, abriendo nuevos espacios de
negociación e influencia (AfCFTA Secretariat, n.d.; ECDPM, 2024).
Desde una perspectiva metodológica, el artículo emplea una comparación estructurada y
enfocada en tres ámbitos sectoriales clave: financiación para el desarrollo y gobernanza de la
deuda, cooperación en materia de seguridad y compromiso digital-tecnológico. El análisis es
de carácter cualitativo e interpretativo, y se fundamenta en una amplia variedad de fuentes.
Estas incluyen documentos oficiales de estrategia y documentos políticos de instituciones
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africanas, chinas y estadounidenses, marcos continentales como la Agenda 2063 y el AfCFTA,
así como conjuntos de datos sectoriales e instrumentos de seguimiento de políticas. Además,
se incorpora literatura académica reciente y recientes investigaciones académicas en áreas
clave como finanzas, seguridad y transformación digital.
En cuanto a la dimensión financiera, el artículo se apoya especialmente en datos de la
Base de Datos de Préstamos a África de China
4
y en estudios recientes sobre la reestructuración
de la deuda soberana que involucran a acreedores chinos. En cuanto a la dimensión de
seguridad, se utiliza información actualizada sobre transferencia de armas y el análisis de la
expansión de la huella de seguridad china en África. En este trabajo, la “huella de seguridad”
china remite principalmente a su participación en mantenimiento de la paz, formación militar,
transferencia de armamento, cooperación policial y marítima y expansión de vínculos
institucionales en materia de seguridad (African Centre for Strategic Studies, 2025; SIPRI,
2026). Para la dimensión digital, el análisis se apoya en la literatura emergente sobre
infraestructuras de plataformas, estándares digitales y dependencia tecnológica en el
continente.
El objetivo del artículo no es ofrecer un inventario exhaustivo de todas las formas de
implicación externa en el continente africano, sino evaluar dónde la analogía de la "nueva
Guerra Fría" ilumina patrones observables y dónde, por el contrario, limita o distorsiona
nuestra comprensión de los fenómenos en cuestión. El análisis se desarrolla en tres fases: en
primer lugar, identifica las dimensiones de la rivalidad que hacen que la analogía de la “nueva
Guerra Fria” sea inicialmente plausible; en segundo lugar, se examina cómo la
interdependencia y la diferenciación sectorial complican esta lectura; y, finalmente, se
demuestra que la agencia africana no debe ser vista como un correctivo exógeno, sino como un
elemento constitutivo dentro del propio campo competitivo. Desde esta perspectiva, el objetivo
no es inventariar toda la presencia externa en África, sino identificar aquellos espacios donde
4
La Chinese Loans to Africa (CLA) Database, gestionada por el Boston University Global
Development Policy Center, recopila, sistematiza y actualiza información sobre compromisos de préstamo de
entidades chinas a gobiernos africanos y organismos regionales. Su actualización más reciente, con datos para
2000–2024, estima 1.319 compromisos de préstamo por un total de 180,87 mil millones de dólares, lo que la
convierte en una de las bases de datos más utilizadas para analizar la evolución sectorial y temporal del
financiamiento chino en África (Boston University Global Development Policy Center, 2025).
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la analogía de la “nueva Guerra Fría” parece inicialmente más plausible y, precisamente por
ello, donde mejor pueden observarse sus límites.
Recientemente, diversos Materiales oficiales y políticos también respaldan esta
interpretación sectorial. Por ejemplo, los préstamos chinos se han vuelto más selectivos y
conscientes del riesgo;, el AfCFTA ha adquirido una trayectoria institucional más sólida desde
que entró en vigor en 2019 y lanzó el comercio en 2021;, y, aunque el compromiso de China
en términos de seguridad ha crecido, los Estados africanos siguen evitando la formación rígida
de bloques, lo que destaca la naturaleza dinámica y multifacética de las relaciones
internacionales en el continente (African Centre for Strategic Studies, 2025; AfCFTA
Secretariat, n.d.; Boston University Global Development Policy Center, 2025; Harvard
Kennedy School, 2025; SIPRI, 2026). Del lado estadounidense, el análisis se apoya
especialmente en documentos estratégicos oficiales, estudios sobre la política exterior de
Washington hacia África y trabajos recientes sobre seguridad y competencia geopolítica en el
continente (Alaminos Hervás, 2018; Rey-García & Rivas Nieto, 2022; U.S. Department of
State, 2022).
5. China y Estados Unidos en África
El examen empírico de la competencia entre China y Estados Unidos en África se centra
en tres ámbitos especialmente reveladores: la financiación del desarrollo y la gobernanza de la
deuda, la cooperación en materia de seguridad y la competencia digital-tecnológica. La
elección responde a una doble razón. Por un lado, son sectores en los que la rivalidad entre
ambas potencias resulta empíricamente visible. Por otro, son también los espacios en los que
la analogía de la “nueva Guerra Fría” parece, a primera vista, más convincente. Precisamente
por ello, permiten evaluar con mayor precisión hasta qué punto estamos ante una confrontación
bipolar o,s bien, ante una rivalidad estructural sectorial atravesada por interdependencias,
instituciones superpuestas y decisiones estratégicas africanas (Åberg & Peltola, 2025; Babones
et al., 2020; Schindler et al., 2024).El registro empírico muestra que el concepto de la "Nueva
Guerra Fría" resulta tanto sugestivo como inadecuado para describir la actual rivalidad entre
China y EEUU en África. Es sugerente debido a que la rivalidad entre China y Estados Unidos
en África es evidente, políticamente explícita y cada vez más visible en varios sectores
estratégicos, desde la financiación para el desarrollo hasta la cooperación en materia de
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seguridad. Sin embargo, es insuficiente como marco de análisis ya que la rivalidad no se
desarrolla a través de bloques ideológicos rígidos ni alineamientos político-militares
exclusivos. En cambio, la rivalidad se expresa a través de formas diferenciadas de competencia,
cuya lógica varía sustancialmente el sector en cuestión, y cuyos efectos están condicionados
por estrategias de negociación locales africanas, prioridades institucionales africanas y
limitaciones políticas internas de los actores involucrados. La analogía con la Guerra Fría, por
tanto, es más sólida más fuerte en aquellos contextos donde la competencia se hace más visible,
pero se debilita precisamente cuando se examina cómo se organiza realmente esa competencia
y se profundiza en el contexto específico de esa competencia (Åberg & Peltola, 2025; Schindler
et al., 2024).
5.1 Financiación para el desarrollo, infraestructura y gobernanza de la deuda
En el ámbito económico y financiero, China ha consolidado una posición internacional
extraordinariamente relevante a través de su estrategia del comercio, préstamos, desarrollo de
infraestructuras y coordinación de políticas. El Foro sobre Cooperación China-África ha
servido como un vehículo institucional central para esta expansión, mientras que la Iniciativa
de la Franja y la Ruta ha vinculado África más directamente con la estrategia global de
conectividad más amplia de China (Delage, 2022; Large, 2021; The State Council Information
Office of the People’s Republic of China, 2021).
Sin embargo, la magnitud de esta expansión no debe reducirse a un mero proyecto de
construcción de bloques geopolíticos. Babones et al. (2020) sostiene que la financiación china
para el desarrollo a menudo reproduce, en lugar de revertir, características fundamentales del
capitalismo global de desarrollo, y la base de datos Chinese Loans to Africa (CLA)
5
revela una
diferenciación sustancial entre los prestatarios, los sectores involucrados y los periodos
temporales años sugiriendo una falta de una estructura más homogénea de tipo patrono-cliente
en lugar de una estructura coherente de tipo patrono-cliente. También señala una mayor
participación selectiva con socios estratégicos en los últimos años, lo que contrasta con en lugar
5
La Chinese Loans to Africa (CLA) Database, gestionada por el Boston University Global
Development Policy Center, sistematiza compromisos de préstamo de entidades chinas a gobiernos africanos y
organismos regionales y constituye una de las principales bases de datos utilizadas para el estudio de la
financiación china en África (Boston University Global Development Policy Center, 2025).
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de una expansión uniforme (Boston University Global Development Policy Center, 2025). La
gobernanza de la deuda constituye una de las ilustraciones más claras de por qué la
interdependencia es relevante desde el punto de vista analítico. La reciente oleada de
reestructuraciones que involucra a prestatarios africanos y acreedores chinos no ha producido
un régimen de deuda paralelo liderado por China y separado del resto de la arquitectura
financiera internacional. Por el contrario, el caso de Zambia resulta particularmente ilustrativo
porque muestra cómo una crisis de deuda africana reciente no desembocó en una arquitectura
paralela encabezada por China, sino en un proceso complejo, lento y conflictivo de
reestructuración dentro del Marco Común del G20, con participación de acreedores oficiales,
acreedores privados e instituciones financieras internacionales (Makoff et al., 2025; UNDP,
2025). Esto no elimina la rivalidad; más bien, subraya que una de las dimensiones más
controvertidas del ascenso de China en África se está gestionando a través de mecanismos de
gobernanza económica global disputados pero compartidos, en lugar de un orden claramente
dividido (Harvard Kennedy School, 2025; UNDP, 2025). En contraposición, la proyección
estadounidense en el plano económico financiero ha seguido una lógica distinta. Más que
reproducir la densidad institucional del FOCAC, Washington ha combinado ayuda al
desarrollo, promoción del sector privado y una progresiva securitización de la agenda
económica africana. El problema no ha sido la ausencia total de instrumentos, sino su
discontinuidad, su menor densidad institucional y el carácter frecuentemente reactivo de su
formulación. Precisamente por ello, la comparación con China no debe leerse solo en términos
de volumen, sino también de continuidad política, visibilidad diplomática e inserción
estratégica.
Tanto la reorientación observada durante la administración Trump como la estrategia
subsahariana de 2022 muestran que Estados Unidos redefine cada vez más su compromiso con
África en relación con la presencia china, lo que refuerza el carácter competitivo “aunque no
exclusivamente confrontacional” de su aproximación reciente (Alaminos Hervás, 2018; Rey-
García & Rivas Nieto, 2022; U.S. Department of State, 2022).Estados Unidos, por su parte, se
ha relacionado históricamente con África a través de una combinación diferente de
instrumentos. Históricamente, su presencia ha combinado la ayuda al desarrollo, el apoyo a la
actividad del sector privado y un fuerte énfasis en la seguridad, especialmente a partir del
periodo posterior al 11-S.
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Sin embargo, los cambios recientes reflejan una preocupación estratégica más explícita
por la creciente presencia e influencia de China en el continente. Rey-García y Rivas Nieto
(2022) muestran que la política estadounidense a menudo ha carecido de una priorización
estructural sostenida hacia África, pero esta inconsistencia no implica que el continente sea
estratégicamente irrelevante. Más bien, indica que el compromiso estadounidense ha sido
frecuentemente reactivo y cada vez más condicionado por o influenciado en marcado en
relación con la influencia china. En consecuencia, podemos afirmar que, la dinámica
competitiva es asimétrica, no solo en términos de capacidades, sino también profundidad
estratégica.
5.2 Cooperación en materia de seguridad
En el ámbito de la seguridad, el compromiso de China ha experimentado una evolución
sustancial. Lo que inicialmente se constituyó como una relación principalmente económica y
diplomática, ha ido expandiéndose progresivamente hacia áreas como el mantenimiento de la
paz, la formación militar, la transferencia de armamento y una cooperación en materia de
seguridad más amplia (Alden & Large, 2015; African Centre for Strategic Studies, 2025). Sin
embargo, esto no implica que el papel de China en la seguridad en África se haya equiparado
al de Estados Unidos, cuya presencia militar, infraestructura de inteligencia y alianzas de
seguridad de largo plazo siguen siendo considerables. No obstante, sí refleja que China ya no
es simplemente un actor económico en el continente. El creciente papel de Pekín en este ámbito
subraya cómo la presencia de China en África forma parte de un proceso transformados más
amplio, en el que se involucrade manera progresiva y directa en la configuración de la
gobernanza y los entornos de seguridad regionales.
La asimetría con Estados Unidos sigue siendo clara. Washington conserva una huella
securitaria muy superior, tanto por su infraestructura militar y de inteligencia como por la
trayectoria acumulada de cooperación antiterrorista. Sin embargo, el crecimiento del perfil de
seguridad chino es relevante no porque haya sustituido a Estados Unidos, sino porque amplía
el repertorio de socios disponibles para los gobiernos africanos y refuerza un patrón de
diversificación que dificulta la formación de bloques cerrados. En este sentido, la actualización
más reciente del SIPRI Arms Transfers Data base, con datos hasta 2025, resulta especialmente
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útil para observar una evolución de transferencias y alineamientos que sigue siendo más
fragmentada que bipolar (SIPRI, 2026).
No obstante, incluso en este contexto, la analogía con la Guerra Fría presenta
limitaciones. Los datos sobre transferencias de armamento y alineamientos de seguridad no
indican una alineación africana rígida o exclusiva con una gran potencia frente a otra. En
realidad, los Estados africanos mantienen relaciones de seguridad diversificadas con múltiples
socios, que incluyen no solo China y Estados Unidos, sino también Estados europeos, Rusia,
Turquía y, en algunos casos, actores del Golfo. En este sentido, resulta especialmente útil la
ficha anual de SIPRI Trends in International Arms Transfers, 2025, publicada en marzo de
2026 y elaborada a partir de la actualización más reciente de la SIPRI Arms Transfers Data
base, que incorpora datos sobre transferencias de armamento mayor hasta 2025. Su relevancia
para este análisis radica en que ofrece una base empírica actualizada y comparable sobre
exportaciones, importaciones y patrones de transferencia, evitando apoyarse exclusivamente
en datos anteriores o en referencias parciales. Este patrón es crucial porque muestra que África
no se está reorganizando en dos bloques político-militares opuestos, tal como sucedía en la
formulación clásica de la Guerra Fría (George et al., 2026; SIPRI, 2026).
5.3 Competencia digital y dependencia tecnológica
El ámbito tecnológico y digital puede, a primera vista, parecer la evidencia más sólida de
una lectura internacional de la "Nueva Guerra Fría". La competencia por la infraestructura de
telecomunicaciones, los estándares digitales, las tecnologías de vigilancia y los ecosistemas de
plataformas se ha convertido en una dimensión central de la rivalidad global entre China y
Estados Unidos, con África jugando un papel crucial en estos procesos. Sin embargo, Åberg y
Peltola (2025) muestran que la noción de una “Guerra Fría digital” en África sigue siendo una
visión excesivamente simplificada. La transformación digital en el continente está moldeada
por una multiplicidad de intereses capitalistas por ejemplo dependencias estratificadas y
arreglos institucionales híbridos, más que por una clara división binaria. Este punto es
fundamental porque muestra que, incluso en los contextos donde la competencia estratégica es
más intensa, la realidad empírica sigue siendo más compleja de lo que permite una analogía
directa con la Guerra Fría.
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Esta complejidad se aprecia, además, en la coexistencia de proveedores, infraestructuras
y marcos regulatorios que no se alinean de forma uniforme con uno u otro polo. En muchos
casos, los gobiernos africanos combinan tecnologías, financiación y estándares procedentes de
distintos socios externos, lo que produce configuraciones híbridas más que alineamientos
binarios. Por ello, incluso en uno de los ámbitos donde la retórica de la “nueva Guerra Fría”
parece más plausible, el panorama africano sigue mostrando una lógica de diversificación,
dependencia estratificada y negociación selectiva, más que una división en bloques
tecnológicos cerrados (Åberg & Peltola, 2025).
5.4 Agencia africana y gestión estratégica de la rivalidad
Conviene introducir aquí un matiz histórico central. Sostener que la agencia africana es
constitutiva del campo competitivo actual no equivale a afirmar que durante la Guerra Fría del
siglo XX no existieran estrategias africanas de negociación, no alineamiento o
instrumentalización de apoyos externos. La diferencia reside, más bien, en la configuración del
entorno: hoy la pluralidad de socios, la densidad institucional continental y la interdependencia
económica global amplían ciertas posibilidades de maniobra, aunque de forma desigual y bajo
fuertes restricciones (African Union Commission, 2015; ECDPM, 2024; Rey-García & Rivas
Nieto, 2022).
La agencia africana actúa como el factor clave que conecta estos sectores. Los estados
africanos no se limitan a ser meros receptores de proyectos externos en competencia, sino que
utilizan la rivalidad de forma estratégica. A través de la alineación selectiva, la negociación, el
equilibrio estratégico y la coordinación institucional, los países africanos influyen activamente
en la forma en que se lleva a cabo la implicación externa del compromiso externo. En este
sentido, la Agenda 2063 representa la manifestación continental más clara de esta lógica, al
articular las prioridades africanas en áreas como el desarrollo, la integración regional, la
industrialización y la gobernanza (African Union Commission, 2015). El AfCFTA refuerza
esta estrategia estableciendo un marco mediante el cual la infraestructura, el comercio y la
inversión extranjera pueden vincularse directamente a los objetivos de integración continental,
en lugar de quedar subordinados a diseños estratégicos externos (AfCFTA Secretariat, n.d.;
ECDPM, 2024).
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Las asimetrías de poder siguen siendo palpables, y los actores externos continúan
ejerciendo una influencia significativa respecto a los términos de participación de ellos. Sin
embargo, sí indica que el campo de competencia está co-constituido, es decir, ambas partes,
africanas y actores externos, contribuyen de manera activa a la configuración de las dinámicas
de poder. Por consiguiente, el marco de la "Nueva Guerra Fría" resulta insuficiente cuando se
aplica de forma rígida: si bien captura la rivalidad, no aborda adecuadamente la
interdependencia estructural, la diferenciación sectorial ni la capacidad de África para influir
en los resultados.
En conjunto, estos sectores muestran que los límites de la analogía de la "Nueva Guerra
Fría" no son marginales, sino estructurales. En el ámbito financiero, la interdependencia
persiste incluso cuando la desconfianza estratégica es alta. En materia de seguridad, el creciente
papel de China no se traduce en la formación de bloques exclusivos. En la gobernanza digital,
la competencia es intensa, pero el panorama resultante sigue siendo híbrido en lugar de binario.
En las tres áreas, los actores africanos no quedan fuera de la rivalidad global; por el contrario,
moldean sus modalidades activamente mediante una alineación selectiva, la superposición
institucional y una diversificación negociada. De esta manera, lo que emerge no es el regreso
de un orden bipolar del siglo XX, sino un entorno competitivo en el que la rivalidad sistémica
y la agencia asimétrica coexisten (African Union Commission, 2015; Åberg & Peltola, 2025;
ECDPM, 2024; SIPRI, 2026).
6. Conclusiones
Este artículo ha argumentado que el concepto de la "nueva Guerra Fría" es analíticamente
útil, pero, en última instancia, insuficiente para entender la competencia entre China y Estados
Unidos en África. Su valor radica en reside en captar la realidad de la intensificada rivalidad
estratégica entre grandes potencias y la renovada relevancia geopolítica del continente africano.
Por tanto, no debe ser descartado como un término completamente engañoso descartarse como
totalmente engañosa. Sin embargo, su capacidad explicativa se debilita al confrontarse con la
estructura real de la competencia en África.
Aunque la competencia contemporánea entre Estados Unidos y China muestra elementos
de rivalidad sistémica, las condiciones estructurales bajo las que se desarrolla difieren
notablemente de las de la Guerra Fría del siglo XX. A diferencia del orden económico
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relativamente compartimentado de la era bipolar, las interacciones actuales están insertas
incrustadas en densas redes de comercio, finanzas y cooperación institucional que unen a las
grandes potencias en complejas relaciones de interdependencia.
Por un lado, la rivalidad contemporánea se desarrolla en un contexto de profunda
interdependencia económica e institucional que difiere sustancialmente de la confrontación
bipolar del siglo XX. El papel de China en la financiación del desarrollo, la gobernanza de la
deuda y el comercio en África es significativo, pero con frecuencia opera a través de su
entrelazamiento con estructuras globales más amplias, antes que mediante la construcción de
sistemas completamente separados (Babones et al., 2020; Harvard Kennedy School, 2025;
UNDP, 2025). Por otro lado, la rivalidad se manifiesta de forma diferenciada según el sector.
La competencia en finanzas, tecnología y seguridad no sigue una lógica uniforme, y su
intensidad y forma institucional varían según los ámbitos temáticos (Åberg & Peltola, 2025;
SIPRI, 2026). Finalmente, los actores africanos desempeñan un papel constitutivo en la
configuración del campo competitivo, aunque sus márgenes de maniobra sean históricamente
situados, desiguales y condicionados. En ese sentido, no se trata de afirmar que en el siglo XX
no existiera agencia africana, sino de subrayar que las condiciones actuales de pluralidad de
socios, densidad institucional continental e interdependencia global producen formas distintas
de negociación estratégica (African Union Commission, 2015; ECDPM, 2024).
En consecuencia, la competencia entre China y Estados Unidos en África se entiende
mejor como una forma de rivalidad estructural sectorial que se desarrolla dentro de un orden
internacional en transformación. Esta formulación permite reconocer simultáneamente tres
elementos: que la rivalidad sino - estadounidense es real; que no reproduce mecánicamente la
Guerra Fría del siglo XX; y que los actores africanos participan en ella con márgenes de
maniobra históricamente situados, desiguales y condicionados, pero políticamente
significativos. De este modo, la agencia africana no aparece como un añadido secundario al
análisis, sino como una dimensión constitutiva del propio campo competitivo.
Visto desde África, la expresión “nueva Guerra Fría” conserva una utilidad limitada:
nombra la intensificación de la rivalidad entre grandes potencias, pero no describe con
precisión la forma concreta que esa rivalidad adopta en el continente. Su rendimiento es, sobre
todo, indicativo y abstracto; su capacidad explicativa disminuye cuando el análisis desciende a
la economía política de la deuda, a los dispositivos de seguridad o a la competencia tecnológica.
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En esos planos, la rivalidad aparece atravesada por interdependencias, superposiciones
institucionales y estrategias africanas de negociación que no encajan en una lógica bipolar
cerrada. Desde esta perspectiva, África no constituye un margen empírico de las Relaciones
Internacionales, sino uno de los espacios donde se decide, se disputa y se hace visible la
transformación contemporánea del orden mundial (Alaminos & Marquina, 2022; Babones et
al., 2020; ECDPM, 2024; Ortega, 2023; Schindler et al., 2024; Weinman, 2025).
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Author Contributions (CRediT)
Authors' Full Names
Academic Contribution
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
María Ángeles Alaminos
Hervás
x x x x x x x x x x x
Miranda Díaz Rømmesmo
x x x x x x x x x x
1 Project administration; 2 Funding acquisition; 3 Formal analysis; 4
Conceptualization; 5 Data curation; 6 Writing review and editing; 7
Investigation; 8 Methodology; 9 Resources; 10 Writing original draft; 11
Software; 12 — Supervision; 13 — Validation; 14 — Visualization.