Cuadernos de Política Exterior Argentina (Nueva Época), 143, Enero-Junio 2026
ISSN 1852-7213 (edición en línea)
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Objetivos y características del involucramiento de las monarquías del Golfo
en el Cuerno de África: el caso qatarí (2010-2026)
Objectives and characteristics of the involvement of the Gulf monarchies in
the Horn of Africa: the qatari case (2010–2026)
Ornela Fabani
1
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET),
Universidad Nacional de Rosario (UNR)
ORCID: 0000-0002-6879-1908
ornela_fabani@hotmail.com
1
Licenciada y Doctora en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Magíster en
Integración y Cooperación Internacional por el Centro de Estudios en Relaciones Internacionales de Rosario
(CERIR). Investigadora Asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Ex becaria del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET.) Miembro del Centro de
Investigaciones en Política y Economía Internacional (CIPEI), del Centro de Estudios en Relaciones
Internacionales de Rosario (CERIR) y del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).
Coordinadora del Departamento de Medio Oriente del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI) de la
Universidad Nacional de la Plata (UNLP). Docente de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
(UNR) de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Autora de
artículos y capítulos de libro sobre política exterior argentina hacia la región de Medio Oriente y sobre la política
externa de las naciones del Golfo.
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Resumen:
En los últimos años tres de las monarquías del Golfo -Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos
(EAU) y Qatar- han ganado peso dentro del convulso escenario de Medio Oriente, mientras apuestan
por alcanzar proyección tanto regional como internacional. Con vistas a la concreción de dicho objetivo,
estos actores han puesto de manifiesto un creciente interés en el cuerno de África, una zona de relevancia
estratégica tanto en virtud de su ubicación geográfica, como a raíz de las vías de navegación que la
circundan y de su riqueza en materia de recursos naturales, incluidos minerales críticos. En virtud de
ello, la pregunta que guía el trabajo es ¿Cuáles son los objetivos y qué características detenta el
involucramiento de las monarquías del Golfo, en particular Qatar, en el cuerno de África? En la
búsqueda de dar respuesta a dicho interrogante se indaga en la relevancia que presenta el Cuerno de
África para los actores del Golfo, se identifican los objetivos que persiguen estos países en la zona y se
analizan las características del involucramiento de los mismos, en particular Qatar, en el área. En
términos metodológicos la investigación parte de un diseño cualitativo y presenta un carácter
exploratorio-descriptivo, sustentándose fundamentalmente en fuentes secundarias.
Palabras clave: Qatar – Emiratos Árabes Unidos – Arabia Saudita – Cuerno de África
Abstract:
In recent years, three Gulf monarchies—Saudi Arabia, the United Arab Emirates (UAE), and Qatar—
have gained increasing prominence within the turbulent Middle Eastern landscape, while seeking to
expand both their regional and international projection. In pursuit of this objective, these actors have
demonstrated a growing interest in the Horn of Africa, a region of strategic importance due to its
geographic location, the maritime routes that surround it, and its wealth of natural resources, including
critical minerals. Accordingly, the central research question guiding this study is: What are the
objectives and characteristics of the involvement of Gulf monarchies -particularly Qatar- in the Horn of
Africa? To address this question, the study examines the relevance of the Horn of Africa for Gulf actors,
identifies the objectives these countries pursue in the region, and analyzes the main features of their
engagement, with a specific focus on Qatar. Methodologically, the research adopts a qualitative design
and an exploratory-descriptive approach, relying primarily on secondary sources.
Keywords: Qatar – United Arab Emirates – Saudi Arabia – Horn of Africa
TRABAJO RECIBIDO: 30/3/2026 TRABAJO ACEPTADO: 2/6/2026
Esta obra está bajo una licencia internacional h#ps://crea%vecommons.org/licenses/by-sa/4.0/
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Introducción
En los últimos años tres de las monarquías del Golfo -Arabia Saudita, los Emiratos Árabes
Unidos (EAU) y, asimismo, Qatar- han ganado peso dentro del convulso escenario de Medio
Oriente, mientras apuestan por alcanzar proyección tanto regional como internacional. Se trata
de actores que detentan enormes reservas probadas de hidrocarburos, que poseen algunos de
los fondos soberanos con mayor volumen de activos a nivel internacional y que, por ende,
cuentan con recursos que les permiten tanto realizar inversiones como otorgar préstamos o,
incluso, brindar importantes paquetes de ayuda humanitaria, convirtiéndose en algunos de los
grandes oferentes de la misma.
En el marco de la citada búsqueda de proyección, tanto el reino saudita, como los EAU,
y también Qatar, han puesto de manifiesto un creciente interés en el Cuerno de África. Este
espacio, que incluye Somalia, Etiopía, Eritrea, y Yibuti, detenta relevancia estratégica en
función de: su ubicación geográfica -en la intersección del mar Rojo y el océano Índico-, las
vías de navegación que lo circundan y sus riquezas en materia de recursos naturales, incluidos
minerales críticos.
En dicho marco, la pregunta problema que guía la presente investigación es: ¿Cuáles son
los objetivos que persiguen y qué características detenta el involucramiento de los actores del
Golfo, en particular Qatar, en el cuerno de África? Con vistas a dar respuesta a dicho
interrogante se indaga en la relevancia que presenta el Cuerno de África para los actores del
Golfo, se identifican los objetivos que persiguen los mismos en la zona y analizan las
características que reviste el involucramiento de aquellos, en particular Qatar, en el área.
Es importante subrayar que esta propuesta pone el foco en tres de las monarquías del
Golfo, pero muy particularmente en Qatar, en tanto el relevamiento bibliográfico expone que,
entre los tres actores árabes, este resulta aquel cuyos vínculos con el Cuerno de África han sido
menos estudiados. Mientras tanto, si bien los países del Golfo comienzan a prestar atención al
espacio bajo estudio muy particularmente a principios del siglo XXI, el recorte temporal -2010-
2016- responde al período en cual se evidencia una profundización de los vínculos entre Doha
y los países africanos bajo análisis.
Dicho esto, es menester señalar que Qatar ha transitado importantes transformaciones
tanto en el plano doméstico como en términos de su política exterior a partir de 1995, año
bisagra, que es concebido como un punto de quiebre, a partir de que en dicho momento se
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produce la llegada al poder del Emir Hamad bin Khalifa Al Thani, artífice del Qatar moderno
(Álvarez-Ossorio Alvariño y Rodríguez García, 2021).
En efecto, bajo su gobierno el emirato apostó por una política exterior activa e
independiente, tomando distancia de quien hasta el momento había fungido como una suerte de
hermano mayor, Arabia Saudita. Asimismo, por una política exterior pragmática, en tanto Doha
optó por sostener relaciones con distintos actores, algunos incluso fuertemente enfrentados
entre sí, apostando por maximizar el número de amigos y minimizar el de sus enemigos.
Tamim ibn Hamad Al Thani, quien gobierna desde 2013, ha buscado continuar, incluso
profundizar las líneas de política exterior de su padre. Tal es así que, el actual gobernante de
Qatar ha redoblado los esfuerzos por obtener reconocimiento, prestigio e, inclusive, por
alcanzar proyección, no solo a nivel regional sino también global. Objetivos que ha pretendido
alcanzar recurriendo a una diversificación de sus vínculos externos, pero también volcándose a
implementar una política de autonomía estratégica, entendida esta como la capacidad de un
Estado de “establecer sus propias prioridades y tomar sus propias decisiones en materia de
política exterior y seguridad, junto con los medios institucionales, políticos y materiales para
llevarlas a cabo, en cooperación con terceros o, si es necesario, solo (Janardhan, 2020)”.
En pos de la consecución de estas ambiciosas metas de política exterior, Qatar ha
recurrido tanto a desplegar instrumentos de soft como de hard power. Al respecto, el término
de soft power fue acuñado por Joseph Nye (1990, 154), quien lo definió como “la capacidad de
obtener resultados deseados mediante la atracción en lugar de la coerción o el pago”. Es decir,
el mismo se asocia a la capacidad de un Estado para persuadir o convencer a otros actores para
que estos obren según la propia voluntad sin tener que recurrir a la coacción o al empleo de la
fuerza.
En el caso particular qatarí, entre la batería de herramientas de soft power por las cuales
ha optado el emirato del Golfo pueden referirse: la creación del canal de noticias Al Jazeera, la
organización de grandes eventos deportivos internacionales, el otorgamiento de ayuda
humanitaria y su participación como mediador frente a diversos conflictos, muchos de los
cuales han tomado lugar en la región de Medio Oriente. Tal como es el caso de su reciente
mediación entre el Estado de Israel y Hamas en el marco de la guerra en Gaza.
Ahora bien, se coincide con Tariq (2025) en que las herramientas de hard power
-entendido este como la capacidad de un Estado para utilizar la fuerza militar y la presión
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económica con el fin de obligar a otros a comportarse de determinadas maneras- con las que
cuenta Qatar, y muy particularmente las capacidades militares de los qataríes, son mucho
menores que las de las grandes potencias de la región de Medio Oriente, como es el caso de
Israel, Arabia Saudita o Irán. En virtud de ello, a pesar de que los instrumentos de hard power no
son especialmente significativos para los qataríes, su recurso al soft power se hace palpable en
el espacio bajo estudio, el Cuerno de África. En efecto, el empleo de estas herramientas
sobresale a la hora de estudiar su involucramiento en la zona, tornándose evidente en la
predisposición de Doha al otorgamiento de ayuda humanitaria y al desarrollo, así como también
en su intervención como mediador frente a diversos conflictos regionales, solo por brindar
algunos ejemplos.
En línea con lo hasta aquí expuesto, el trabajo se enmarca dentro de la literatura sobre los
Estados pequeños, los cuales supieron ser definidos como tales en función de su acotada
población, su alta exposición a presiones externas, incluso a partir de su debilidad o
insignificancia (Maas, 2008). No obstante ello, recientemente han proliferado estudios que
destacan que los mismos pueden transformarse de “peones” pasivos en los grandes juegos
políticos de las potencias, en actores activos capaces de perseguir sus propios intereses
nacionales en el escenario internacional (Novikova, 2022). En esta misma dirección, Kamrava
(2017) señala que, si bien suele pensarse a los Estados pequeños a la sombra de los grandes
poderes, asumiéndose que los mismos tienen, en el mejor de los casos, una importancia
secundaria en la política de poder internacional y que carecen de los medios y recursos
necesarios para influir en las circunstancias en las que se encuentran, dadas las circunstancias
adecuadas, estos pueden convertirse en actores altamente influyentes tanto a nivel regional
como en el escenario global más amplio. Ello hasta el punto de ejercer cantidades significativas
de poder en su vecindario inmediato y más allá.
Antes de cerrar esta introducción, cabe señalar que, en términos metodológicos la
presente investigación parte de un diseño cualitativo y presenta un carácter exploratorio-
descriptivo. Para llevar a cabo la misma se emplean fundamentalmente fuentes secundarias.
Entre ellas notas de diarios, artículos académicos, libros e informes de think tanks que recogen
la problemática bajo estudio y permiten acceder no solo a datos empíricos sino también al
análisis de reconocidos especialistas. No obstante, el trabajo también contempla comunicados
del Ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar y notas de prensa de la agencia oficial de
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noticias del citado país del Golfo, utilizadas con el fin último de traer luz sobre los
posicionamientos oficiales. En otro orden, las técnicas de recolección y análisis de datos
empleadas son la revisión bibliográfica, el análisis documental y de contenidos, entendidas
como herramientas que permiten sistematizar e interpretar la información asequible.
Finalmente, el trabajo se encuentra organizado en cuatro apartados, en los que se pone el
foco en: la relevancia del Cuerno de África para los actores del Golfo y los objetivos que
estos persiguen en dicho espacio, las características del involucramiento de los actores del Golfo
en el área para, por último, focalizar en el caso qatarí, atendiendo a su rol en África y a su
accionar específicamente en la zona bajo estudio.
1.Relevancia del Cuerno de África para los actores del Golfo y objetivos que
persiguen los mismos en el espacio de referencia
El Cuerno de África es una región rica en recursos naturales, incluidos minerales críticos
vitales para el desarrollo tecnológico y la transición energética que los tres países del Golfo
persiguen. Entre ellos pueden mencionarse: coltán, litio, tierras raras, uranio, oro y cobre. En
este sentido, Klein (2026) destaca que las monarquías árabes han puesto su atención en los
minerales críticos en pos de asegurar activos estratégicos en África como base de futuras
cadenas tecnológicas e industriales. Sin ir más lejos, Etiopía alberga una de las reservas de litio
más significativas de África. Mientras Eritrea dispone de cobre y zinc. En cuanto a Somalia, su
riqueza mineral permanece en gran medida sin explotar, aunque posee un potencial significativo
en aluminio, cobre, hierro, tierras raras y titanio. Finalmente, si bien Yibuti no es conocido por
una producción minera a gran escala, posee oro, así como potencial en otros minerales críticos,
como litio y potasio, provenientes de fluidos geotérmicos.
Asimismo, la zona bajo estudio cuenta con vastas extensiones de tierra arable y ganado,
mientras las monarquías del Golfo, a raíz de las características del suelo y el clima en la
península arábiga, deben lidiar con el desafío de garantizar su seguridad alimentaria.
Particularmente cuando estos Estados importan alrededor de un 85 % de los alimentos que
consumen (Zoubir, 2024).
En términos de su ubicación geográfica, el Cuerno de África se haya situado frente al
estrecho de Bab el-Mandeb -una vía de navegación crucial a nivel global—, que conecta el mar
Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico. En efecto, el mismo se convierte en la entrada
por el sur al canal de Suez, para alcanzar los mercados petroleros europeos y norteamericanos,
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así como en la entrada norte al océano Índico, para llegar a los mercados en África y Asia. En
este sentido, no puede dejar de referirse que entre los factores que hacen a la relevancia de este
paso se encuentra el hecho de que la ruta marítima que cruza el estrecho y luego el canal de
Suez es la más corta entre Europa y Asia. Dicho esto, alrededor del 12 % del comercio marítimo
mundial atraviesa el estrecho de Bab el-Mandeb, transformándose en un punto neurálgico del
transporte energético global, especialmente para el petróleo y el gas que parte desde el Golfo
hacia Europa y Asia Oriental (US. Energy Information Administration, 2024).
En lo que respecta al involucramiento de los actores del Golfo en la zona, Zoubir (2024)
señala que el reino saudita comenzó a tener presencia en el espacio bajo estudio allá por la
década del setenta, dando lugar a una aproximación que, conforme con el autor, se amplió tras
la revolución islámica en Irán, que llevó a Riad a buscar prevenir la expansión del islam chiita
en África. No obstante, el especialista también destaca que, por entonces, la presencia de EAU
y Qatar en dichos territorios era muy acotada.
Esta situación cambia con el incremento de los precios de los alimentos que tomó lugar a
principios del siglo XXI y la crisis financiera de 2008. A partir de entonces los tres actores del
Golfo de referencia comenzaron a prestar atención al Cuerno de África, fundamentalmente en
vistas de su búsqueda de oportunidades económicas, de garantizar su acceso a alimentos, así
como también de su objetivo de propender a la seguridad de esta zona estratégica y de su interés
en no perder espacios en la misma frente a sus socios
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pero también rivales. En este sentido, no
hay que pasar por alto que se trata de países que, como se señaló previamente, buscan
proyección tanto regional como internacional y que, por otra parte, compiten con sus vecinos
por espacios tanto en la región de Medio Oriente como, en este caso, en el Cuerno de África.
Los países del Golfo ven a las economías africanas, en rápida expansión, como vehículos
para diversificar sus carteras de inversión y reducir su dependencia de los hidrocarburos, bienes
finitos y no renovables. Como correlato, tal como se profundizará en el siguiente apartado, han
invertido en agricultura, energía, bienes raíces, banca, manufactura, construcción, logística y
transporte marítimo, consultoría y servicios empresariales, telecomunicaciones, hotelería y
turismo, atención sanitaria y servicios sociales, educación y minería (Zoubir, 2024).
No debe perderse de vista que, hace décadas, Qatar, los EAU y Arabia Saudita vienen
elaborando programas y diseñado políticas que tienen como meta la diversificación de sus
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Se los define como socios en tanto los tres países árabes forman parte del Consejo de Cooperación del Golfo,
organismo subregional conformado en 1981.
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economías, con el fin último de aminorar la participación de los hidrocarburos en el PBI.
Objetivo que se encuentra plasmado en las visiones nacionales de los tres países -la Visión
Nacional de Qatar 2030, la Visión Saudí 20230 y Nosotros EAU 2031. Tres instrumentos que
apuestan por reducir la dependencia de los hidrocarburos, así como también la vulnerabilidad
que supone los cambios de los precios internacionales de los mismos sobre las economías del
Golfo, fundamentalmente en una instancia en la que se prevé una importante disminución de la
demanda en el corto plazo. Ello como producto de un aumento en los requerimientos de energías
renovables y de mejoras en materia de eficiencia y acopio. Ahora bien, los resultados asequibles
a partir de la implementación de estas políticas varían de Estado a Estado, siendo los EAU
quienes lidera el proceso con una contribución del sector no petrolero al PBI del 75 %
(Noureddine, 2023).
Por otra parte, y en lo que hace a la preocupación por la seguridad alimentaria, es
importante mencionar que la misma surge a raíz de las características del suelo y el clima en el
Golfo que dificultan la posibilidad de que estos países puedan cultivar sus propios alimentos.
La desertificación en la península arábiga amenaza entre el 70 % y el 90 % del territorio (Caline,
2018). Impulsada por altas temperaturas -que en el Golfo han llegado a picos históricos,
superando los 50 grados en los últimos años-, sequías recurrentes, sobreexplotación de
acuíferos y actividades agrícolas intensivas. Asociado a este punto, los tres países en cuestión
sufren escasez extrema de agua que se ha conjugado con olas de calor que están creciendo en
intensidad, duración y frecuencia, ocasionando una decreciente productividad agrícola
(Alsayed & Calabrese, 2025).
Precisamente en función de lo expuesto, los países del Golfo han invertido en tierras en
la zona del Cuerno de África, inversiones que se juzgan como estratégicas particularmente tras
la pandemia y, más aún, en el marco de la guerra en Ucrania, fenómenos que han tenido impacto
sobre los precios de los productos básicos. Al respecto, cabe agregar que este accionar no ha
estado libre de críticas, atendiendo a que dichos acuerdos tienen impacto sobre el suministro
local de alimentos, con su correlato en términos de aumento de la pobreza e injusticia social.
Ahora bien, paralelamente a que sus intereses económicos en el Cuerno de África se han
incrementado, también se ha acrecentado el involucramiento de las monarquías del Golfo en el
ámbito de la seguridad. En efecto, la estabilidad y la seguridad de este espacio resulta vital para
los actores árabes considerando, por ejemplo, los grandes proyectos que se encuentran en
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cartera en Arabia Saudita, tal es el caso de NEOM o The Line, que necesitan de grandes
inversiones para poder llegar a buen puerto. Lo mismo ocurre con los EAU que han devenido
en lo que Henderson (2015) define como un “Estado nexo” en la economía global, que conecta
Oriente y Occidente, transformándose en un gran centro logístico y de transporte desde donde
se procede a la importación y exportación e, incluso, se facilita el tránsito de las mercancías
hacia otros mercados, actividades que, para prosperar, también precisan de condiciones
favorables.
Sin ir más lejos, el accionar de los hutíes en Yemen, que tras el inicio de la guerra en
Gaza comenzaron a atacar buques que cruzaban el estrecho de Bab- al Mandeb y el mar Rojo
-según declararon en solidaridad con el pueblo palestino- ha puesto sobre el tapete la
importancia de mantener la seguridad en una zona de relevancia geoestratégica. Más aún
cuando la eventualidad de tener que buscar rutas alternativas para el transporte de
hidrocarburos, que en muchos casos ha supuesto optar por un recorrido más largo alrededor del
cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África, ha redundado en un aumento de los
costos de los viajes y de los seguros, retrasando las entregas.
Precisamente en función de la importancia de las rutas de navegación que circundan la
zona, los actores del Golfo han apoyado los esfuerzos contra la piratería en aguas de Somalia,
así como también se han involucrado en la lucha contra el terrorismo; pudiéndose identificar
estas últimas entre las principales amenazas que llevaron a un aumento de la importancia del
Cuerno de África en las agendas de política exterior de los mismos (Huliaras, Kalantzakos,
2017). Dicho esto, en lo que respecta al terrorismo, aún es patente la amenaza que supone la
presencia de Al Shaab, aliado de Al Qaeda, en Somalia. En lo concerniente a la piratería, esta
ha sido una amenaza latente en la región, pero muy particularmente en las costas de Somalia,
que tuvo un momento crítico entre 2008 y 2013, para luego reflotar con brío en 2023. Con vistas
a lidiar con esta problemática los EAU han financiado la Agencia de Inteligencia de Puntlandia,
además de financiar y equipar a la Fuerza de Policía Marítima de Puntlandia (PMPF, por sus
siglas en inglés), fundada en 2010 con el objetivo de luchar contra la piratería y en favor de la
seguridad marítima, mandato que luego viró hacia la lucha contra el terrorismo en tierra (Paes,
Beales & Vidal, Faccenda, 2026). Mientras tanto, Arabia Saudita impulsó el Consejo de Estados
Árabes y Africanos Costeros del Mar Rojo y Golfo de Adén. Este esquema, conformado por el
reino, junto a Egipto, Jordania, Sudán, Eritrea y Somalia, apuesta a defender los intereses
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marítimos de estos países. En dicho marco, en 2022, Riad organizó ejercicios navales conjuntos
con varios miembros del consejo, centrados en la lucha contra el terrorismo y la seguridad
marítima (Wilson, 2025).
Todavía más, la importancia que reviste este espacio para los actores del Golfo ha llevado
a los mismos a construir sus primeras bases en el Cuerno de África. Al respecto, los EAU
establecieron una base en Assab, Eritrea, donde ampliaron una pista de aterrizaje y construyeron
un muelle naval para apoyar sus operaciones en Yemen. Esta instalación supo jugar un rol
central en la logística militar emiratí, brindando alojamiento a efectivos emiratíes y tropas
aliadas y sirviendo como base para aviones, helicópteros de ataque, tanques de batalla, obuses,
barcos y vehículos aéreos no tripulados. Si bien, tras la retirada de los Emiratos de Yemen, el
centro logístico-militar de los EAU se trasladó a Bossaso (Paes, Beales, Vidal, Faccenda,
2026).
En definitiva, la creciente presencia de las monarquías del Golfo en el Cuerno de África
se encuentra en línea con sus objetivos de: traccionar sus intereses económicos, garantizar su
seguridad alimentaria, propiciar la seguridad de esta zona estratégica, afirmar su influencia en
la región y no perder espacios en la misma frente a sus socios, pero también rivales.
2.Características del involucramiento de los actores del Golfo
En lo que respecta a los actores del Golfo, los mismos han buscado un acercamiento a los
países ubicados en el Cuerno de África recurriendo a importantes inversiones, desarrollo de
puertos y capacidades militares. Asimismo, desplegando herramientas de soft power, tal como
es el caso de la mediación en conflictos que han tenido lugar en la zona y el otorgamiento de
ayuda humanitaria y al desarrollo.
Sin ir más lejos, conforme con el Africa Center for Strategic Studies (2025) Arabia
Saudita invirtió 1300 millones de dólares en Yibuti, erigiéndose como el principal inversor del
Golfo en dicho país. En efecto, las inversiones saudíes representan aproximadamente el 90 %
de aquellas que los actores del Golfo cursan hacia el país ubicado en el Cuerno de África. En
torno a las mismas, en gran medida se concentran en la refinería del Parque Internacional Yibuti
Damerjog, con una extensión de 300 hectáreas y una capacidad proyectada de 300.000 barriles
por día (Africa Center for Strategic Studies, 2025), un proyecto valuado en 12.700 millones de
dólares, detrás del cual se encuentra la empresa Aiyal Petroleum and Energy Company. Otro
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bastión del involucramiento del reino en Yibuti es la creación de la Ciudad Logística Saudí. Un
importante centro logístico que prevé una instalación de 120.000 metros cuadrados, que se
espera funcione como centro para el comercio saudí no solo con Yibuti sino también con la
región.
El reino también ha invertido en el desarrollo de los puertos de Yibuti Ciudad y Tadjourah
y, en 2025, expresó interés en modernizar el puerto de Assab en Eritrea, donde se ha
comprometido a desembolsar 61 millones de dólares en propuestas vinculadas con
infraestructura vial, generación de electricidad y agricultura (Africa Center for Strategic
Studies, 2025). En tanto, sus inversiones en Etiopía se estiman en 365 millones de dólares,
siendo destinadas a una amplia gama de proyectos, desde carreteras hasta electricidad, agua y
saneamiento (Africa Center for Strategic Studies, 2025).
Dicho esto, en 2017, Riad también negoció un acuerdo para el establecimiento de su
primera base militar en el extranjero en Yibuti, espacio sobre el cual logró un contrato de
arrendamiento por 92 años. Si bien, en paralelo, el reino también ha buscado recurrir a
herramientas de soft power para posicionarse en la zona, volcándose al otorgamiento de ayuda
humanitaria y al desarrollo.
Tal es así que, en 2023, el King Salman Humanitarian Aid and Relief Center (KSrelief)
junto al International Medical Corps firmaron un acuerdo que prevé una donación de 915.000
dólares para apoyar las labores de ayuda en Etiopía, Somalia, así como también en Yemen
(Saudi Arabia’s aid agency efforts continue in Ethiopia, Somalia, Yemen, 2023). Mientras
tanto, en 2024, Riad rubricó un documento multilateral con Somalia y el Fondo de la OPEP
para apoyar la recuperación económica pospandemia. Todavía más, ese mismo año, el KSrelief
comprometió 5 millones de dólares para combatir la inseguridad alimentaria en dicho país
(Wilson, 2025).
También en línea con el recurso al soft power, Riad ha recurrido a la mediación con vistas
a apoyar la estabilidad dentro de esta área estratégica. Al respecto, en 2018, el rey Salman
presidió los Acuerdos de Paz de Yeda entre Eritrea y Etiopía que pusieron fin a más de 20 años
de guerra entre ambos vecinos.
En lo que respecta a los EAU, estos se alzan como el cuarto mayor inversor en África,
solo por detrás de China, la Unión Europea y los Estados Unidos (Africa Center for Strategic
Studies, 2025). Abu Dhabi es uno de los diez principales importadores de bienes y productos
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básicos del continente y el intercambio comercial no petrolero entre los Emiratos y África
asciende a 25.000 millones de dólares anuales. En esta misma dirección, entre 2008 y 2023, el
volumen de comercio entre los EAU y el continente africano de productos no vinculado al
sector hidrocarburífero creció un 700 % (Garrido Guijarro, 2023).
En el Cuerno de África, los EAU se han convertido en el socio el más importante de
Somalilandia
3
, habiendo realizado inversiones en el Puerto de Berbera y construido una
carretera asfaltada de 280 km desde Berbera hasta la frontera con Etiopía.
Los EAU tienen aproximadamente 685 millones de dólares invertidos en infraestructura,
energía y operaciones portuarias en Yibuti (Africa Center for Strategic Studies, 2025). Allí, en
2006, Abu Dhabu había firmado un contrato por 30 años con DP World para construir y
gestionar el Puerto de Doraleh. Sin embargo, en 2018, el gobierno de Yibuti rescindió el
acuerdo, alegando que violaba la soberanía del país y nacionalizó el puerto. Mientras el
conflicto que suscitó este tema se dirime en el ámbito judicial, Doraleh ha sido operado por la
empresa estatal Doraleh Container Terminal Management Company y por China Merchants
Port Holdings. En el interín, los EAU conservan el 90 % de la propiedad de la instalación de
almacenamiento de líquidos Horizon Djibouti Terminals (Africa Center for Strategic Studies,
2025).
Considerando que, como se adelantó en el apartado anterior, existe un claro interés de los
EAU en el control de las rutas comerciales marítimas en el Cuerno de África, este actor ha
utilizado la infraestructura portuaria como un “caballo de Troya” para impulsar sus intereses
estratégicos y su política exterior en África Oriental (Bruno, s.f). En este sentido, el operador
portuario global DP World, del cual el gobierno de los EAU es el principal accionista, ha
expandido agresivamente el número de puertos que opera en el Cuerno de África durante las
dos últimas décadas (Horton, 2019).
En esta dirección, en 2017, DP World firmó un contrato similar con el gobierno del Estado
de Puntlandia, en el noreste de Somalia, para ampliar y gestionar el puerto de Bosaso, donde se
erigió un centro de entrenamiento militar.
También en 2017, Somalilandia y los EAU rubricaron un acuerdo por 30 años que le
permite al país del Golfo construir una base en las cercanías del puerto de Berbera. Al respecto,
Muse Bihi Abdi, quien preside dicho territorio, brindó declaraciones en las que afirmó que los
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Emiratos capacitarían a la policía y al ejército en Somalilandia. A lo que agregó que la base
aérea y militar actuará como elemento disuasorio para los grupos extremistas en la región (UAE
to train Somaliland forces under military base deal, 2018).
Completando el panorama que muestra la extensión de la presencia de los EAU en la
zona, en 2018, DP World obtuvo una concesión por 30 años para desarrollar el puerto eritreo
de Assab, donde la marina y la fuerza aérea emiratí ya habían desplegado algunas unidades.
Los Emiratos también construyeron un aeropuerto militar en paralelo, que podría transformarse
en una instalación civil. En tanto, la base militar ya ha mostrado su relevancia al ser utilizada
para lanzar operaciones sobre Adén (2015), Moukalla (2016) y Hodeida (2018).
Amén de sus millonarias inversiones en la zona, de la firma de acuerdos militares, así
como también de contratos para el desarrollo y manejo de puertos en la zona, los EAU también
han recurrido al otorgamiento de ayuda humanitaria y a la mediación en conflictos para
vincularse con el espacio bajo estudio. En efecto, el otorgamiento de ayuda humanitaria,
convertido en uno de los pilares de su política exterior, ha sido frecuente, erigiéndose los
Emiratos como un importante donante en la zona. En este sentido, organizaciones como la
Media Luna Roja de los EAU, la Fundación Benéfica Mohammed Bin Rashid Al Maktoum y
la Fundación Benéfica de Sharjah, han construido campamentos para refugiados en el Cuerno
de África y han trabajado con agencias de asistencia a refugiados, acciones que conforme con
Ding (2024), lejos de fines altruistas, persiguen por objetivo la apertura del mercado de
inversiones del país receptor al país donante. Mientras tanto, su rol como mediador ha sido
acotado, destacándose su participación junto a Arabia Saudita en la resolución de la disputa
entre Etiopía y Eritrea. Al respecto, si bien gracias a la firma del Acuerdo de Yeda los países
africanos restablecieron relaciones, abrieron sedes diplomáticas y asumieron compromisos de
cooperación económica, a inicios de 2026 nuevas tensiones entre las partes derivaron en que
ambos actores se manifestasen listos para la guerra.
3.Qatar en África
A pesar de que Qatar mantiene relaciones con los países del Magreb desde la década
del setenta, recién iniciado el siglo XXI ha buscado un acercamiento a otras naciones que
forman parte del vasto continente africano. En este sentido, la agencia de noticias del emirato
destaca que, durante más de dos décadas, Qatar ha seguido una trayectoria constante en el
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fortalecimiento de su presencia en África, identificando al continente como fuente de grandes
oportunidades de inversión y desarrollo, gracias a sus vastos recursos naturales, su capital
humano y sus prometedores mercados emergentes. En la misma dirección, señala que múltiples
consideraciones estratégicas impulsan los vínculos. Desde el punto de vista geopolítico, el
espacio de referencia ocupa una posición vital a lo largo de las rutas comerciales globales, e
incluye Estados que ejercen influencia en organizaciones regionales e internacionales, lo que
convierte a África en un socio indispensable en la configuración de la toma de decisiones global.
Mientras tanto, en el plano económico, el continente sobresale por sus altas tasas de crecimiento
demográfico y económico, así como por sus abundantes oportunidades de inversión en
infraestructura, energía, agricultura y logística (Qatar News Agency, 2025). Lo cierto es que, a
pesar de lo prometedor que puede resultar este vínculo, también se reconocen las carencias y
desafíos que deben afrontar estos territorios, en función de ello Doha ha provisto ayuda
humanitaria y al desarrollo a través del Qatar Fund for Development (QFFD), Education Above
All, Qatar Charity (QC) y la Media Luna Roja de Qatar.
Dicho esto, existen diversos indicadores del acercamiento para con la región, entre los
cuales se destacan las giras de alto nivel, la firma de acuerdos y las inversiones realizadas en la
zona. En efecto, desde el inicio del recorte temporal puede darse cuenta de múltiples visitas del
emir Hamad bin Khalifa Al Thani y, luego, de su hijo, Tamim bin Hamad Al Thani, a diversos
países africanos. A modo de ejemplo, Hamad bin Khalifa Al Thani visitó Egipto en 2012 y, en
2013, arribó a Etiopía. Tras la llegada al poder de su heredero este desembarcó en Sudán en
2014. Destacando que es información que se presenta sin ánimos de ser exhaustivos, en abril
de 2017, el máximo representante qatarí visitó Etiopía, Kenia y Sudáfrica, donde se firmaron
acuerdos en materia de educación, cultura y turismo. Mientras en el mes de diciembre de ese
mismo año Tamim bin Hamad Al Thani realizó una gira por varios países de África occidental,
entre ellos Senegal, Guinea Conakry, Mali, Costa de Marfil, Burkina Faso y Ghana. Luego, en
abril de 2019, el alto funcionario desembarcó en Ruanda y Nigeria, rubricándose acuerdos y
memorandos de entendimiento para fortalecer las asociaciones bilaterales. Más cerca en el
tiempo, en marzo de 2025, el emir recibió en Doha al presidente de la República de Ruanda,
Paul Kagame, y al presidente de la República Democrática del Congo (RDC), Félix Tshisekedi,
en el marco de los esfuerzos para reducir la escalada en la RDC.
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En materia económica, durante la última década, Qatar invirtió 7.200 millones de
dólares en África, detrás de los EAU, cuyas inversiones alcanzaron 59.400 millones de dólares
y de Arabia Saudita, con 25.600 millones (Munyati, 2024). En lo que respecta a estas
inversiones, Qatar ha puesto el foco muy particularmente en los sectores de la aviación y la
infraestructura, ello a la par que ha ofrecido desembolsos en el sector energético y ha buscado
el acceso a minerales, así como también garantizar su seguridad alimentaria.
En diciembre de 2019, Qatar Airways se hizo de una participación del 60 % en el
Aeropuerto Internacional de Bugesera, en Rwanda. En 2024, adquirió una participación, esta
vez menor, del 25 %, en la línea aérea sudafricana Airlink. Asimismo, hace tiempo negocia con
RwandAir la compra del 49 % del paquete accionario de la aerolínea nacional del país. Por otro
lado, en 2025 informó de un acuerdo con Kenya Airways para el inicio de vuelos de código
compartido a 19 destinos en pos de ampliar la conectividad entre África, Oriente Medio y Asia
(Klynch, 2026).
En otro orden, la Estrategia Nacional de Desarrollo 2024-2030 del emirato apunta a un
crecimiento anual del 4 % en los sectores no vinculados a los hidrocarburos, con los minerales
críticos emergiendo como un pilar fundamental. Ello en tanto los mismos pueden ser
empleados, por ejemplo, para la construcción de vehículos eléctricos y el desarrollo de
infraestructura de inteligencia artificial. En este sentido, África, que posee el 30 % de las
reservas minerales mundiales, incluyendo el 70 % del cobalto global y el 10 % del cobre, se
convierte en un socio clave. En virtud de lo expuesto, a mediados de 2025, Qatar comprometió
vía Al Mansour Holdings y la Qatar Investment Authority (QIA) 103.000 millones de dólares
con vistas a desarrollos en el sector minero, infraestructura, agricultura y energía en seis países
africanos -RDC, Mozambique, Zambia, Zimbabue, Botsuana y Burundi-. Al respecto, puede
mencionarse su interés en una participación de 500 millones de dólares en el proyecto cuprífero
Kamoa-Kakula de Ivanhoe Mines en la RDC y de 450 millones de dólares en TechMet para
proyectos minerales en África y a nivel global (Rifais, 2025).
En materia de infraestructura portuaria, Qatar, al igual que sus pares del Golfo, dio
muestras de su interés en el desarrollo de puertos. Tal es así que, en 2018, Mwani Qatar obtuvo
un contrato por 4.000 millones de dólares para modernizar el puerto de Suakin en Sudán. No
obstante, el proyecto no llegó a concretarse debido al devenir de la situación interna en el país
africano.
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En lo que respecta a la seguridad alimentaria, Qatar tiene una alta dependencia de la
importación de alimentos, tal como ocurre en los casos de los Emiratos y Arabia Saudita. En
este marco, la proximidad geográfica de África se erige como una ventaja, a lo que se suma que
el continente alberga el 60 % de las tierras cultivables no explotadas del mundo (Todman,
2018). De allí que Doha ha apostado por profundizar sus vínculos con Sudán con vistas a
garantizarse la provisión de carne y productos agrícolas. En esta línea, a modo de antecedente,
ya en 2008, ambos países dieron a conocer su intención de conformar un holding conjunto para
realizar inversiones en el sector del agro, en industria alimentaria y ganadería. Básicamente se
apostaba a que la empresa produjese trigo, maíz y oleaginosas, entre otros productos
(Farmlandgrab, 2008). Un año después, Hassad Foods, la empresa agroalimentaria de Qatar,
firmó un acuerdo por 1.000 millones de dólares para trabajar unas 8.000 hectáreas de tierras en
el norte de Sudán. En tanto, más cerca en el tiempo, la empresa comprometió una inversión por
500 millones de dólares en el sector agrícola y alimentario de Sudán. Además de iniciar
conversaciones con Kenia para arrendar 40.000 hectáreas.
Por último, en términos de ayuda humanitaria, en 2025, frente a las preocupantes
condiciones humanitarias vigentes en Sudán, donde existe escasez de alimentos y una creciente
necesidad de refugio y artículos básicos, Qatar brindó asistencia a la ciudad de Al-Dabba. Esta
incluyó canastas de alimentos, tiendas de campaña y otros suministros esenciales,
proporcionados por el QFFD y la QC. Asimismo, en agosto de 2025, esta última organización
brindó auxilio a personas desplazadas y a familias necesitadas provenientes de distintos estados
del país distribuyendo alimentos.
4.Qatar en el cuerno de África
En lo que respecta al lazo político-diplomático entre Qatar y los países que conforman el
Cuerno de África, a excepción de Somalia, el establecimiento de relaciones con estos Estados
es relativamente reciente. En efecto, mientras en el caso de Somalia estas datan de 1974, Qatar
estableció vínculos con Eritrea en 1993 y con Etiopía en 1995
4
. En tanto, Doha abrió sus
embajadas en Yibuti en 2005, en Eritrea en 2011, en Etiopía en 2012 y en Somalia en 2014.
4
Cabe destacar que no fue posible obtener datos respecto a la fecha de establecimiento de relaciones
diplomáticas entre Qatar y Yibuti ello pese a las consultas con las correspondientes sedes diplomáticas.
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Coincidiendo con la apertura de las sedes diplomáticas, también se multiplicaron las
visitas de alto nivel. Atendiendo al recorte temporal de este trabajo, que inicia en 2010, aunque
sin ánimos de ser exhaustivos, puede mencionarse que el presidente de Eritrea, Isaias Afwerki,
visitó Qatar en 2010, 2011, 2012 y 2013, luego en marzo y diciembre de 2014 y en agosto de
2015. Por su parte, el emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al-Thani, viajó al país africano en
2015. En tanto, el primer mandatario eritreo retornó a Qatar en 2016. En este sentido cabe
destacar que, pese a lo prometedores de estos vínculos en la etapa inicial del recorte temporal
que se establece en este trabajo, los mismos se enfriaron tras el posicionamiento de Eritrea en
respaldo a Arabia Saudita y los EAU en el marco de la disputa que se inició en el Golfo en
2017, aspecto en el cual se profundizará a posteriori.
En lo que atañe a las relaciones con Yibuti, estas han sido más acotadas, el presidente
Ismail Omar Guelleh visitó Qatar en los meses de febrero y marzo de 2016, acompañado por
una importante delegación que incluyó al ministro de Relaciones Exteriores y Cooperación
Internacional. En tanto, más cerca en el tiempo, en 2025, regresó al país del Golfo para
participar de una reunión extraordinaria de Liga Árabe y la Organización de la Conferencia
Islámica.
Por otra parte, el emir Hamad bin Khalifa Al Thani desembarcó en Etiopía en 2013. Cabe
destacar que dicha visita tuvo lugar tras el arribo del primer ministro y el ministro de Relaciones
Exteriores de Qatar en el año 2012, oportunidad en la que se firmaron un acuerdo de
cooperación económica y técnica, un acuerdo para establecer un comité conjunto de
cooperación entre ambos países y un memorando de entendimiento (MoU) para el
establecimiento de consultas entre los ministerios de Relaciones Exteriores. Luego, en 2017,
Tamim bin Hamad Al Thani arribó a Addis Abeba, en aquel momento como parte de una gira
más amplia por África. Ese mismo año, el entonces primer ministro etíope, Hailemariam
Desalegn, aterrizó en Qatar. Dos años después, su sucesor, Abiy Ahmed, también visitó Doha,
en abril de 2019.
Finalmente, en lo que respecta a Somalia, este se constituye en el actor con el cual se
mantuvieron los vínculos político-diplomáticos más fluidos durante la totalidad del período de
referencia. Tal es así que la agencia oficial de noticias de Qatar ha definido estos vínculos como
fuertes e históricos (Qatar News Agency, 2024). El presidente Mohamed Abdullah Farmajo
visitó Qatar en mayo de 2017, mayo de 2018, noviembre de 2021 y marzo de 2022. Tras la
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llegada al gobierno del presidente Hassan Sheikh Mohamud este visitó Qatar en 2023 y, más
recientemente, en febrero de 2026. Una visita que se produjo apenas días después de que ambos
países firmasen un acuerdo de cooperación en defensa, que se convierte en otro indicador de la
profundidad que ha ganado el vínculo entre ambos Estados.
Un elemento que resulta pertinente destacar en tanto condicionó los vínculos político-
diplomáticos entre los actores del Cuerno de África y las monarquías del Golfo fue la ya referida
disputa que se ocasionó en 2017, particularmente entre Arabia Saudita, los Emiratos y Qatar.
Al respecto, los países del Cuerno de África no estuvieron exentos de posicionarse frente al
conflicto que se desencadenó en el Golfo, cuando lo que se conoció como el cuarteto – Arabia
Saudita, los EAU, Bahréin y Egipto- declaró un embargo sobre Qatar, luego de acusar al emirato
de mantener vínculos con organizaciones terroristas
5
. Lo cierto es que los roces entre las partes
databan de larga data, iniciándose a partir de que Doha optó por adoptar una política exterior
expansiva, pragmática, con mayores visos de autonomía con respecto a su socio saudí, a cuya
sombra había permanecido por mucho tiempo. Esta política independiente se percibe en todo
su esplendor durante la primavera árabe, cuando el emirato buscó sacar ventaja de este proceso
para posicionarse regionalmente, una opción que claramente no cayó bien entre sus vecinos. Al
respecto, ya en 2014 Arabia Saudita, los EAU y Bahréin habían retirado a sus embajadores de
Qatar, situación que se resolvió ante la emergencia de la amenaza que supuso el Estado Islámico
en Irak y en Siria, que fungió como un elemento aglutinador entre los socios del Consejo de
Cooperación del Golfo. No obstante, en 2017 la situación escaló, cuando los tres actores
previamente mencionados cerraron sus fronteras aéreas, terrestre y marítimas con Qatar y les
otorgaron quince días a los ciudadanos qataríes para abandonar sus respectivos países.
En este sentido, a partir de los vínculos que habían sabido construir, así como también de
los intereses compartidos, Arabia Saudita y los EAU lograron que Yibuti y Eritrea degradasen
sus relaciones con Qatar. Una acción que tuvo como correlato la decisión de Doha de retirar las
fuerzas de mantenimiento de la paz que en ese momento tenía apostadas en la frontera entre
ambos países. Paralelamente, Arabia Saudita también habría utilizado sus recursos económicos
5
Por entonces se alegó que el Emirato no sólo mantenía vínculos con la Hermandad Musulmana sino también con
Al Qaeda y el Estado Islámico. Ello amén de condenarse el rol de Al Jazeera, entendida como una plataforma de
la Hermandad Musulmana e, incluso, de demandarse que Qatar cortase sus lazos con Irán. Para mayor información
ver: Kinninmont, J. (2019), The Gulf divided. The impact of the Qatar crisis. The Royal Institute of International
Affairs, Chatham House. https://www.chathamhouse.org/2019/05/gulf-divided-impact-qatar-crisis
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para presionar al gobierno de Somalia, ofreciendo 80 millones de dólares a cambio de la ruptura
de relaciones con Doha, propuesta que el país africano habría rechazado (The New Arab, 2017).
Un hecho que claramente expone que las capacidades económicas también pueden emplearse
como instrumento de hard power.
En este contexto, Qatar logró fortalecer sus lazos con Somalia. Cabe recordar que el
presidente Farmajo había arribado al poder apenas meses antes, según algunos informes, gracias
al apoyo de fondos qataríes (International Crisis Group, 2018). Teniendo esto en consideración,
aún a pesar de que el gobierno nacional somalí se declaró neutral, por negarse a cortar sus lazos
con Doha fue percibido como un actor más cercano al bloque que encabezaba Qatar. En este
sentido, un alto funcionario somalí inclusive reconoció que la posición que asumió su país
frente al bloqueo le valió recibir el castigo de los países árabes que traccionaron dicha acción,
quienes optaron por privar al país africano de apoyo político, humanitario y para el desarrollo
(Ministry of Foreign Affairs, State of Qatar, 2020).
Todavía más, dicho posicionamiento también conllevó, por un lado, que se profundizasen
las disputas intra-somalíes. Ello en tanto diversas regiones y estados federales parecían
inclinarse por defender la posición de los EAU. Por otro lado, el acercamiento del gobierno de
Farmajo con Qatar, sumado a un altercado por un avión que transportaba soldados emiratíes y
efectivo, ocasionaron que Abu Dhabi pusiese fin a un programa de entrenamiento militar que
llevaba adelante en Somalia. Más aún, las rispideces que se ocasionaron con Mogadiscio
resultaron favorables para que los EAU se aproximasen al gobierno de la República de
Somalilandia, lo que derivó en que Somalia prohibiese a DP World operar en el país. En esta
misma dirección, los Emiratos también reforzaron sus lazos con la región semi autónoma de
Puntlandia, abriendo la puerta para que la referida empresa portuaria obtuviese la ya
mencionada concesión por 30 años para operar el puerto de Bosaso. De esta forma, se evidencia
como el Cuerno de África se transformó en un campo de batalla para las monarquías del Golfo
que asumieron lo que ha sido referido como una presencia desestabilizadora en dicho espacio
(Khan, 2018).
En materia económica, diversos informes coinciden en que las inversiones de Qatar en la
zona han sido más acotadas que las de sus socios en el Golfo (Meester, Van den Veng y
Verhoeven, 2018; Zoubir, 2024). Aún más, Meester et. al. (2018) definen las mismas durante
las dos primeras décadas del siglo XXI como razonablemente limitadas. Hecha esta salvedad,
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los recursos del emirato se han canalizado hacia distintos sectores incluidos vivienda, turismo,
minería, agricultura y construcción. Asimismo, al igual que sus vecinos del Golfo, Doha
también ha demostrado interés por efectuar inversiones en el sector portuario. Al respecto, en
2018 se anunció una inversión conjunta somalí-qatarí para construir un puerto y una zona franca
en Hobyo, a unos 500 kilómetros al noreste de la capital. Ahora, si bien finalmente esta obra
fue adjudicada a la empresa turca Metag Holding, la búsqueda de Qatar de llevar adelante este
proyecto pone de relieve su ambición de establecer una posición estratégica en la región y
contrarrestar el liderazgo de los EAU en el sector portuario (Wilson, 2025).
En otro orden, la preocupación por la seguridad alimentaria también ha redundado en una
creciente presencia de Qatar en el Cuerno de África. Al respecto, Wilson (2025) señala que la
inflación sobre los precios de los alimentos tras la crisis financiera de 2008 constituyó una
advertencia temprana sobre la vulnerabilidad de los Estados del Golfo frente a cadenas de
suministro globales volátiles. Razón por la cual el emirato comenzó a invertir en tierras
agrícolas en Etiopía, así como en el sector agrícola al sur de Somalia.
A diferencia de sus pares del Golfo, Qatar no ha adquirido bases en la región, pero sí ha
donado vehículos blindados a Somalia, ello en el marco de su búsqueda de incrementar su
influencia en el país, en una instancia en la que la competencia con sus pares del Golfo por
ganar espacios en la zona resulta creciente.
En cuanto al otorgamiento de ayuda humanitaria, este es un pilar de la política exterior
qatarí. Tal como se ha mencionado en reiteradas oportunidades a lo largo del trabajo, Doha
busca prestigio, ello como parte de su intento de posicionarse tanto regional como
internacionalmente. En dicho marco, uno de los componentes centrales de su política de soft
power es el otorgamiento de ayuda humanitaria, así como también de ayuda al desarrollo.
De acuerdo con información del Ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar (2017),
entre 2010 y 2017 el país brindó 210 millones de dólares en ayuda humanitaria a Somalia. Sobre
el particular Pericoli y Donelli (2023) señalan que Somalia se encontró entre los principales
países receptores de ayuda humanitaria qatarí entre 2016 y 2020. Conforme con los autores,
durante esos cinco años, Doha implementó y financió distintos programas en Somalia
destinados a la asistencia humanitaria y al apoyo a la infraestructura. Aún más, si bien, en línea
con lo expuesto, Qatar venía otorgando ayuda previa a dicho país, la misma se acrecentó hacia
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2017 luego de que, pese a las presiones de Arabia Saudita y los EAU, Mogadiso decidiese
permanecer neutral tras el inicio de la disputa en el Golfo.
A modo de ejemplo, en 2017, y debido a la hambruna en Somalia, y a una sequía sin
precedentes, se lanzó la campaña “Somalia: sufrimiento y sequía”, que impulsó proyectos en
diferentes áreas, entre ellas el suministro de agua potable. Además, por entonces QC envió
convoyes médicos que brindaron servicios de salud a las personas necesitadas, amén de
alimentos.
En tanto, en 2019, y ante fuertes inundaciones en la República de Somalia, Qatar envío
ayuda humanitaria a través del QFFD. Un primer envío consistió en 42 toneladas y un segundo
en 44 toneladas de diversos productos de primera necesidad incluyendo medicamentos, mantas,
guantes, filtros de agua y bidones plásticos. Todavía más, el relevamiento de datos realizado
indica que la locación de ayuda en dicho escenario se sostuvo en el tiempo. Tan es así que, a
principios de 2026, QC proporcionó más de 113 millones de litros de agua potable a miles de
familias desplazadas y afectadas por la sequía en las afueras de la capital somalí y en los
campamentos de Baidoa.
En el caso de Yibuti, tan solo en 2022 QC llevó a cabo 56 proyectos vinculados con el
agua en diversas zonas del país. Estos incluyeron la instalación de 18 pozos superficiales
alimentados con energía solar en las regiones de Dikhil, Ali Sabieh y Tadjourah. Además, se
instaló infraestructura -tanques, grifos y abrevaderos para animales-, beneficiando a
comunidades en 18 provincias. Más cerca en el tiempo, en 2025, QC firmó tres memorandos
de entendimiento con Yibuti para fortalecer la cooperación en materia de energías renovables
para apoyar proyectos hídricos, de educación y ayuda humanitaria. En lo que respecta a la
última materia, el documento contempla la provisión de ayuda a refugiados, incluyendo tiendas
de campaña, purificadores de agua y sistemas de iluminación solar. Asimismo, la organización
también asistió a personas con necesidades especiales, poniendo a disposición sillas de ruedas
y dispositivos para medir la presión arterial, como producto de un memorando de entendimiento
firmado entre la misma y la Agencia Nacional para Personas con Discapacidad (ANPH) en
diciembre de 2024.
Respecto a Etiopía, en 2025, QC proporcionó alimentos a familias en la ciudad de Jimma,
en la región de Oromía. Además, tras los terremotos que tuvieron lugar en octubre y noviembre,
extendió ayuda humanitaria entre la población afectada en la región de Afar.
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En tanto, los proyectos vinculados al otorgamiento de ayuda al desarrollo también han
estado a la orden del día. Sin ir más lejos, en 2025, QC inició los trabajos para edificar una
planta de desalinización de agua de mar alimentada por energía solar en Dalaf, Yibuti y, en
marzo de 2026, comenzó la construcción de la aldea humanitaria Ahl Qatar Village, que incluye
viviendas, aulas y una mezquita. Asimismo, la organización inauguró la Aldea Modelo
Barwaqo en Baidoa, en el suroeste de Somalia. Al respecto, el otorgamiento de ayuda al
desarrollo a dicho país tiene amplia trayectoria si se considera que, por ejemplo, en 2017, QFFD
impulsó proyectos que incluyeron la rehabilitación de edificios gubernamentales, entre ellos las
oficinas del presidente, amén de la construcción de dos carreteras para conectar la capital con
las regiones del norte y del sur. Así pues, Qatar se erige como uno de los mayores contribuyentes
a los proyectos que buscan promover el desarrollo en la nación africana (Qatar News Agency,
2024).
En lo que atañe al rol de Qatar como mediador, Ulrichsen (2013) señala que Doha ha
utilizado la mediación para promover sus intereses y elevar su perfil internacional, para luego
señalar que la misma ha ido de la mano con la construcción de una política exterior
independiente, que podría agregarse, es coherente con su búsqueda de autonomía estratégica.
A modo de antecedente puede señalarse que, sus esfuerzos en esta materia datan de 1996,
cuando Doha se involucró en el conflicto entre Yemen y Eritrea en torno a las islas Hanish
(Minich, 2015). A posteriori, Doha medió en el escenario yemení entre 2007 y 2010, período
en el que buscó un acercamiento entre el gobierno de al Saleh y el movimiento hutí, en el Líbano
en 2008, permitiendo arribar a la firma del Acuerdo de Doha, en Darfour entre 2008 y 2011,
cuando tras un nombramiento por parte de la Liga Árabe y la Unión Africana promovió la firma
del Documento de Doha para la paz en Darfour, y en la disputa entre Chad y Sudán en 2009.
Ello sin mencionar que Doha facilitó el diálogo entre Estados Unidos y el Talibán o, inclusive,
más recientemente, el rol que asumió como mediador en la guerra entre Israel y Hamas iniciada
en octubre de 2023.
Ahora bien, en línea con la búsqueda de adoptar una política exterior independiente,
autónoma y con proyección Qatar ha trabajado en pos de perfilarse como un mediador neutral
en los escenarios previamente referidos, pero también en varios conflictos que han tomado lugar
en el Cuerno de África.
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Previo al inicio del recorte temporal establecido para este trabajo, en 1999, Doha logró la
firma de un acuerdo de reconciliación entre Sudán y Eritrea, que permitió el restablecimiento
de las relaciones diplomáticas entre las partes tras cinco años de verse interrumpidas. Más tarde,
a mediados de la década de 2000, Qatar extendió sus esfuerzos de mediación a las facciones
enfrentadas en Somalia. En tanto, en 2008, Qatar medió en la disputa fronteriza entre Yibuti y
Eritrea, que dio origen a tres días de enfrentamientos, permitiendo el arribo al Acuerdo de Paz
de Doha en 2010. Sin embargo, tal como se mencionó previamente, en 2017, Qatar retiró las
fuerzas de mantenimiento de la paz de la frontera entre ambos actores, ello como producto de
la decisión de Yibuti y Eritrea de respaldar al bloque liderado por Arabia Saudita frente a la
crisis en el Golfo que derivó en el bloqueo a Qatar
6
.
Específicamente durante el periodo bajo análisis, Doha medió en pos de la reanudación
de las relaciones diplomáticas entre Kenia y Somalia en 2021. Al respecto, si bien a través del
tiempo dichos actores han tenido diversas disputas diplomáticas, en dicha oportunidad Somalia
decidió romper relaciones con Kenia, acusándola de violar su soberanía e interferir en sus
asuntos internos, previo a las elecciones generales y días después de que el entonces presidente
de Kenia, Uhuru Kenyatta, mantuviese un encuentro con el líder de la región separatista de
Somalilandia.
Con todo, pese a su rol en distintos conflictos, se ha criticado que la eficacia de los
esfuerzos de mediación de Qatar ha sido limitada, ya sea por la ausencia de avances inmediatos
o por la obtención de compromisos que han resultado solo temporales. Al respecto, Shahnawaz
(2024) subraya que los esfuerzos del emirato encuentran sus límites si se considera que Doha
no ha logrado cambiar de manera fundamental la dinámica del conflicto en las áreas donde ha
intervenido. En esta línea, hay quienes señalan que algunos intentos de mediación no han
logrado alcanzar resoluciones de paz duraderas debido a su acotada capacidad de proyección
de poder, a la falta de personal calificado sobre el terreno y, en general, a su todavía corta
experiencia diplomática en el contexto de las dinámicas regionales africanas (Garrido Guijarro,
2023). Abonando en esta dirección, se destaca que la política exterior sigue concentrada en
manos del emir, lo que limita la participación de diplomáticos profesionales experimentados y
especialistas regionales (Mesfin, 2016).
6
Para mayor información sobre las mediaciones de Qatar en el Cuerno de África ver: Freer, C. (2022), The Gulf
States Mediating in the Horn of Africa: For Domestic or Regional Consumption? University of Edinburgh.
https://era.ed.ac.uk/server/api/core/bitstreams/c5a5a0fe-70d5-414f-b3d4-b6625d41759d/content
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Conclusiones
Como se evidencia a lo largo del trabajo, el involucramiento de las monarquías del Golfo,
y en particular de Qatar, en el escenario del Cuerno de África ha sido creciente, al menos
durante la última década y media. Ello se explica en función de la búsqueda de Arabia Saudita,
los EAU y Qatar de: garantizar su seguridad alimentaria, promover sus intereses económicos,
coadyuvar a la seguridad de esta zona estratégica, consolidar su influencia en la región y
preservar espacios en la misma frente a sus socios, pero también antagonistas.
Ahora bien, es importante señalar que el acercamiento de cada uno de estos países posee
sus particularidades. Sin ir más lejos, los EAU se erigen como el actor que realiza mayores
inversiones no sólo en África en su conjunto sino también en el Cuerno de África. Amén de
ello, en función de su apuesta por transformarse en un hub logístico y de exportaciones también
es el actor que detenta la estrategia más pujante en términos de la apertura de puertos. Cabe
agregar que, en función de sus crecientes intereses en una región atravesada por una fuerte
inestabilidad, Abu Dhabi también ha logrado convertirse en el actor que ha abierto el mayor
número de bases militares en la zona.
Mientras tanto, Arabia Saudita también ha manifestado su preocupación por la seguridad
de esta zona estratégica no solo logrando la apertura de su primera base en el exterior sino
también impulsando una coalición que vela por la seguridad marítima.
Por su parte, Qatar no participa de esta última ni posee bases en la zona. Entre los actores
del Cuerno, el emirato mantiene los vínculos más sólidos con Somalia, país al cual le ha provisto
vehículos blindados y con el que recientemente ha firmado un acuerdo de cooperación en
defensa. Todavía más, en línea con el estrecho vínculo que supo construir con el gobierno
somalí, el Grupo de Monitoreo de las Naciones Unidas sobre Somalia ha acusado a Qatar de
influir en los resultados electorales somalíes mediante la financiación de candidatos afines a
sus propios intereses. En paralelo, las relaciones de Qatar con Yibuti y Eritrea se vieron
degradadas tras el bloqueo que sufrió Doha de manos de lo que se conoció como el cuarteto.
Ahora, en simultaneo a afirmar que el involucramiento de Qatar en la región ha sido
creciente durante el periodo que aborda el recorte temporal, y a reconocer que entre los países
de la zona este actor ha sabido construir su vínculo más sólido con Somalia, cabe agregar que,
si bien a la hora de vincularse con estas naciones Doha ha hecho empleo de ciertos instrumentos
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de hard power, este pequeño Estado se destaca esencialmente por su recurso al soft power. En
efecto, lejos de una política agresiva en pos de la apertura de bases militares o la obtención de
licitaciones para desarrollar puertos, Doha ha apostado por acercarse a la región a partir del
otorgamiento de ayuda humanitaria. Sobresale su desempeño a través de la QC, el QFFD y de
la Media Luna Roja de Qatar, organizaciones que han traccionado el envío de ayuda no solo en
escenarios de conflicto, con todo lo que esto conlleva, a modo de ejemplo, en términos de
desplazamiento de personas, sino también frente a males endémicos de la región como la
hambruna, y a fenómenos climáticos como las sequías, o los terremotos que han golpeado a la
zona. Sumado a esto, el emirato también ha buscado aproximarse a los países africanos de
referencia como oferente de ayuda al desarrollo. No obstante ello, un elemento que distingue a
Qatar entre sus pares del Golfo es su trayectoria como mediador frente a conflictos que han
tenido lugar no sólo dentro del escenario de Medio Oriente, pues, como se ha podido ver, en las
últimas décadas también ha ganado espacios y una vasta trayectoria como intermediario y, en
definitiva, como un actor fiable, en distintos contenciosos que han involucrado a países del
Cuerno de África.
Siguiendo los postulados de Janardhan, las diversas interacciones con actores de la zona
han resultado funcionales para ayudar a Doha a alcanzar sus objetivos estratégicos y proyectarse
fuera de sus fronteras dentro de un escenario regional fuertemente competitivo. De esta forma
puede afirmarse que Qatar, un Estado pequeño, que es capaz de adoptar una política exterior
que tiene por uno de sus pilares la autonomía estratégica, y que apuesta a perseguir sus propias
metas vinculadas con la obtención de reconocimiento y prestigio, recurriendo al soft power hoy
se posiciona como un actor que paulatinamente va adquiriendo influencia en la región del
Cuerno de África.
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Contribución de las/os autoras/es (CrediT)
Nombres y Apellidos
de los/as autoras/es
Colaboración Académica
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
Ornela Fabani
x x x x x x x x x
X
1 — Administración del proyecto; 2 — Adquisición de fondos; 3 — Análisis formal; 4
— Conceptualización; 5 — Curaduría de datos; 6 — Escritura – revisión/edición; 7 —
Investigación; 8 — Metodología; 9 — Recursos; 10 — Redacción – borrador original;
11 — Software; 12 — Supervisión; 13 — Validación; 14 — Visualización.