Cuadernos de Política Exterior Argentina (Nueva Época), 138, diciembre 2023, pp. 139-142
ISSN 0326-7806 (edición impresa) - ISSN 1852-7213 (edición en línea)
Reseña
OVIEDO, Eduardo Daniel (2023) Relaciones internacionales en tiempos de auge
chino y declive argentino, Areté Grupo Editor, Buenos Aires, ISBN 978-987-48122-
8-5, 408 pp.
El autor es investigador principal del CONICET y profesor titular de Historia de las Relaciones
Internacionales Contemporáneas en la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Argentina. Su
formación académica se realizó parcialmente en China, hecho que le valió ser el primer becario
oficial argentino en dicho país y obtener el título de magíster en Derecho por la Universidad de
Beijing. Entre sus obras se destacan: Argentina y el Este Asiático (UNR Editora, 2001), China
en expansión (UCC, 2005), Historia de las relaciones internacionales entre Argentina y China
(Dunken, 2010), y más de doscientas publicaciones editadas en español, inglés o chino.
La obra está prologada por el catedrático español Xulio Ríos y se encuentra organizada sobre la
base de seis capítulos, donde cada uno de ellos presenta una introducción, desarrollo y
conclusión. Además, cuenta con un detallado índice de tablas e índice de gráficos.
El objetivo central del libro es facilitar el conocimiento de las relaciones internacionales. El
marco teórico sirve para analizar cualquier situación internacional. Según el autor, si se
comprende el funcionamiento del sistema internacional, sus órdenes y las políticas exteriores
que llevan a cabo los Estados en ambos niveles, entenderemos las relaciones internacionales. De
esta forma, el libro ofrece un marco teórico para el estudio de las relaciones internacionales que
sirve para explicar el auge chino, el conservadurismo estadounidense y el declive argentino.
Para revertir el declive de este último actor, el autor sostiene que la tarea a desarrollar es
modernizar en democracia.
La obra analiza cómo, mientras China busca ser líder del orden mundial y Estados Unidos
mantener esa posición, Argentina solo atina a sobrevivir en la periferia. En ese sentido, para
aproximarse al caso argentino, el profesor Oviedo sostiene que resulta necesario conocer cómo
las experiencias exitosas de modernización -particularmente en China y Taiwán- expandieron
sus sistemas políticos e implementaron políticas exteriores similares para revertir el declive y
comenzar a pensar en el ascenso internacional, al margen del tipo de régimen político
seleccionado por los países.
El primer capítulo versa sobre el sistema internacional y sus cambios. Se percibe a la
comunidad internacional como un sistema y desde allí explica su funcionamiento en base a sus
tres elementos que lo componen: unidades, estructura y principio ordenador. Debido a que estos
componentes generales son afines a todos los sistemas y también fueron componentes de otras
experiencias históricas de sistemas políticos como el medieval europeo, el tributario chino y el
sistema otomano, se especifican aquellos que son propios del sistema internacional. En ese
sentido, se establece que los Estados, la desconcentración del poder y la coordinación son
respectivamente las unidades, estructura y principio ordenador de dicho sistema. Por eso, el
sistema internacional es una constelación de Estados que interrelacionan en una estructura
desconcentrada de poder regulada por el principio de coordinación.
Una vez que se ha definido al sistema internacional, el autor explica que el mismo posee cuatro
cambios fundamentales. Estos son: los cambios de sistema, los cambios en el sistema, los
cambios de orden y los cambios en el orden. La importancia de establecer esta distinción radica
en que para cambiar el sistema se debe reemplazar a sus unidades, estructura y principio. Es
decir, cambiar el sistema conlleva la modificación de estos tres elementos o al menos uno de
ellos, considerándose una acción política revolucionaria. Tal es el ejemplo del colapso del
sistema medieval europeo y su reemplazo por el sistema westfaliano.
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Luego de realizar un minucioso análisis del sistema, que comprende la comparación con otros
sistemas, pasando por los antecedentes del sistema medieval europeo y la transición de este al
sistema internacional, el autor prosigue con la investigación del orden internacional.
En ese sentido, en el segundo capítulo se aborda al orden internacional y sus cambios. Aquí se
encuentra ampliamente detallada la descripción sobre la formación y evolución histórica de los
órdenes desplegados en el sistema internacional. Para el autor, la clave radica en que los órdenes
emergen como resultado de la institucionalización de las relaciones políticas en el derecho.
Oviedo busca establecer una clara distinción entre sistema y órdenes internacionales por tratarse
de dos categorías de análisis completamente diferentes e imposibles de intercambiarse entre sí.
Igualmente importante es entender el cambio de orden y los cambios en el orden, teniendo en
cuenta que ambos constituyen cambios en el sistema, sin constituir cambio de sistema. Para el
autor, distinguir el cambio de orden del resto de los cambios que ocurrieron en el devenir de
cada orden es vital y contribuye a enriquecer el debate contemporáneo de las relaciones
internacionales. En el transcurso del extenso capítulo se desarrollan exhaustivamente siete
momentos de cambios radicales acaecidos en la evolución histórica del sistema internacional
para configurar siete órdenes políticos: Orden de Westfalia, Orden de Utrecht, Orden de París,
Orden de Viena, Orden París-Washington, Orden Bipolar y Orden de Primacía Estadounidense.
El autor menciona que además de estos cambios de órdenes se registraron en el transcurso de la
historia otras alteraciones en las relaciones políticas que significaron un reposicionamiento de
las grandes potencias sin llegar a cambiar de orden. Hacia el final de dicho capítulo, el autor
hace mención a las categorías de Estados centrales, semi-periféricos y periféricos con el fin de
poder describir el auge y caída de las potencias, especialmente su paso de la semi-periferia al
centro o viceversa. De estas categorías se valdrá en los capítulos posteriores para explicar el
ascenso chino y descenso argentino.
Por último, en la conclusión de este apartado, el autor refiere a que la historia demuestra que las
configuraciones de los órdenes han cambiado luego de grandes guerras. Sin embargo, en el caso
de la implosión de la Unión Soviética se alteró esta constante, dando lugar a la opción de paz.
En este sentido se percibe un cierto optimismo ya que no sería ineluctable que, para transitar de
un orden a otro, haya necesariamente que recurrir a la guerra.
En el capítulo tercero se plantean las políticas exteriores de los Estados: los casos de China y
Estados Unidos. Para ello, el profesor Oviedo renombra y amplía los tipos propuestos por el
máximo exponente del realismo político, Hans Morgenthau, en pos de tornarlos compatibles
con las acciones de conservar el orden, revisar el orden (total o parcial) o cambiar el sistema.
Esta reformulación resulta sumamente interesante y será aplicada al comportamiento externo de
China desde inicios del siglo XXI. En el mismo apartado, el autor recurre a la analogía histórica
planteada por Jean Baptiste Duroselle, para a través del análisis de las políticas exteriores del
canciller Otto von Bismarck, el káiser Guillermo II y el cardenal Richelieu, dilucidar si las
mismas persiguen el objetivo de mantener el orden, cuestionar el orden o cambiar el sistema, a
las cuales se las denomina conservadoras, revisionistas y revolucionarias. Por último, una cuarta
acción es el decrecimiento de poder o política contractiva, que se desarrollará en el capítulo
quinto.
Además, en el tercer apartado se explica el tipo de política exterior impreso por la República
Popular China (RPCH), considerada por el autor como revisionista parcial, con elementos
conservadores y visión teleológica revolucionaria desde su formación en 1949. Es decir, China
viene llevando a cabo acciones conservadoras y la revisión parcial del orden para lograr su
unidad nacional, faltando Taiwán para concluir el proceso. En tal sentido, la RPCH lo ha
acometido sin cambiar ni de orden ni de sistema aunque se presenta como retador de Estados
Unidos, aspirando a modificar las relaciones internacionales en pos de configurar un nuevo
sistema. Avanzado el capítulo, nos encontramos con al interrogante clave de si China ha llegado
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al punto de encontrar el orden vigente contradictorio a su interés nacional. Es aquí donde se
pone de manifiesto uno de los aspectos sobresalientes de la obra al sostener el autor que “si bien
es difícil estimar dicho punto de quiebre, su accionar externo manifiesta que aún no ha
alcanzado el momento de pensar en una revisión total, persistiendo acciones conservadoras con
alteraciones en el orden e, incluso, amenaza con su revisión parcial”.
El capítulo cuarto trata sobre Confucio, Maquiavelo y la Comunidad de Destino Humano. En
este apartado el autor hace referencia a que dentro de las iniciativas chinas para diseñar redes
estratégicas globales que permitan la construcción de su dominación mundial se destacan “La
Franja y la Ruta” y la “Comunidad de Destino Humano”. Mientras que la primera acopla las
estrategias de desarrollo de los países al de la economía china, la segunda tiene el objetivo de
cambiar las relaciones internacionales. Esta última es incipiente, abstracta y poco conocida en el
mundo académico. Por esta razón, el autor dedica este capítulo, en primer lugar, a explicar el
motivo por el cual China busca crear un nuevo tipo de relaciones internacionales a través de
dicha Comunidad. En segundo lugar, a comprender si las relaciones internacionales que
funcionan conforme a una comunidad de intereses, podrían hacerlo conforme a una comunidad
de destino, además, evaluar la probabilidad de que la segunda pueda reemplazar a la primera.
En relación a ello, se plantea una hipótesis que afirma que “la Comunidad es contradictoria con
el sistema internacional y forma parte de la construcción ideológica de la hegemonía china en
búsqueda de cambiar, no solo el vigente orden mundial, sino también el sistema internacional, si
es posible hacia una versión supranacional”.
Sobre el final del capítulo, Oviedo concluye que la Comunidad del Destino Humano se erige
como ejemplo de cómo los académicos chinos contribuyen al estudio de las relaciones
internacionales con conceptos propios e ideas. Y que China está pasando del subdesarrollo de
las visiones sobre las relaciones internacionales a la fase de creación de doctrinas.
El capítulo quinto versa sobre Argentina y su paso del apogeo a la periferia. Su desafío es
modernizar en democracia. El autor analiza el trayecto de Argentina desde el apogeo a inicios
del siglo XX a la situación periférica actual, abordando la problemática de su decadencia,
calificando la política exterior de dicho país como contractiva y ofreciendo una explicación para
revertir esta tendencia. Para ello, el autor recurre a evidencias históricas, como los casos de la
RPCH y Taiwán, modernizados a través de regímenes totalitarios. Estas y otras experiencias
confirman que el ascenso internacional de los estados ha sido producto de la expansión de los
sistemas políticos nacionales, impulsado por el despliegue exitoso de modernizaciones
económicas acompañadas de correlativas políticas exteriores. En esta cuestión, Oviedo hace
énfasis en la necesidad de comprender la relación entre modernización, sistema político y
política exterior ya que para modernizar en democracia es imperioso considerar estas tres
variables, pues “la modernización al propagar el halo del sistema político, fortalece a todas las
políticas públicas, incluida la política exterior”. Luego de analizar en profundidad las
modernizaciones acaecidas en dichos países asiáticos, el autor sostiene que a diferencia de la
RPCH y Taiwán, Argentina no logró consolidar un proceso continuo de modernización, ni su
régimen democrático. Mientras estos países asiáticos implementaron modelos monistas y
autoritarios, impuestos coercitivamente desde arriba hacia abajo, Argentina debe afrontar el
modelo democrático (de abajo hacia arriba) pluralista, basado en el diálogo y negociación entre
diferentes actores sociales. Nuevamente se pone de relieve el enorme desafío que es modernizar
en democracia.
Un aspecto clave manifestado por el autor es que si un Estado toma la decisión de modernizar,
independientemente del régimen político, debe tener determinadas pautas de política exterior y
estas pueden ser tomadas en consideración por Argentina. Las mismas son: predominio de la
cooperación sobre el conflicto e incremento de medios pacíficos de resolución de conflictos,
formación de relaciones estratégicas con las grandes potencias y obtención de beneficios del
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orden internacional y capitalismo; y rechazo al aislamiento, integración a la economía-mundo y
pérdida de autonomía. En palabras del autor “toda política exterior tendiente a la modernización
prioriza la cooperación, las relaciones estratégicas con las grandes potencias y la integración a la
economía-mundo, con la simultánea pérdida de autonomía”.
El sexto capítulo analiza a Argentina y China entre el apogeo y la decadencia. Oviedo dedica
este apartado a las interacciones argentino-chinas, teniendo en cuenta la cambiante relación de
poder en el plano bilateral y el accionar externo argentino. Primeramente, comienza con la
tipificación clásica de las relaciones bilaterales, conforme al derecho internacional público, para
finalmente proponer una tipología política, basada en los recursos de cada parte y su impacto en
las interacciones estatales. La tipología en cuestión tiene fases de: apogeo, simetría relativa y
dependencia de Argentina en la relación bilateral, describiendo las grandes directrices de la
política exterior de este país hacia China en cada una de ellas. El autor sostiene que Argentina
pasó de ser actor preeminente en la primera mitad del siglo XX, a integrar el esquema Norte-
Sur, centro-periférico, aceptando varias iniciativas propuestas en el siglo XXI por el gigante
asiático. A lo largo de este último capítulo se puede comprender como el paso del apogeo a la
decadencia del país sudamericano y el proceso inverso en China trajo aparejado una fluctuación
de las relaciones argentino-chinas desde la preponderancia a favor de la primera al predominio
chino desde finales del siglo XX. Mientras que Argentina lograba su modernización, China
profundizaba su decadencia. Actualmente, China pasó a ser gran potencia y Argentina no solo
dejó de serlo sino que “perforó la semi-periferia y deambula en el límite superior de la
periferia”.
Así mismo, el profesor Oviedo pone de relieve como se produce la pérdida de iniciativa
argentina producto de la reducción del ámbito de la política exterior debido al hecho de que deja
de ser líder en América del Sur para ser visto como proveedor de commodities al modelo
productivo chino. Parte de la respuesta al interrogante de cómo revertir la decadencia se
encuentra en el patrón Norte-Sur el cual hay que revertir, y esto implica el crecimiento
sostenido de los recursos de poder de Argentina y su ascenso internacional, algo que en
términos de Oviedo “a corto plazo parece imposible dada la tendencia estructural de
decadencia”.
Conforme a lo expuesto, se trata de una obra indispensable para entender cómo funcionan las
relaciones internacionales y para ello, es imperioso saber previamente la dinámica del sistema
internacional, los órdenes y las políticas exteriores llevadas a cabo por los Estados, sus auges y
declives.
Por todo lo expresado, el libro Relaciones internacionales en tiempos de auge chino y declive
argentino constituye una obra de referencia, tanto para estudiantes de las licenciaturas en
Relaciones Internacionales, como para académicos, profesionales y formuladores de políticas
públicas.
Por Rocio Ríus. Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Universidad
Nacional de Rosario. E-mail: rocio.rius@fcpolit.unr.edu.ar
Esta obra está bajo una licencia internacional https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/
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